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Al final, siempre pagan los mismos

Viernes 27 enero, 2012


Juan Antonio Mazariegos G.
La Hora, Guatemala

En distintos medios noticiosos se han dado a conocer las primeras pinceladas de lo que será el nuevo paquete fiscal, porcentajes más o porcentajes menos es ya sabido por la población que el Gobierno de la República se apresta a introducir reformas a la Ley de Impuesto Sobre la Renta, la del Impuesto sobre Circulación e incluso se ha mencionado entre otros que puede haber un nuevo impuesto sobre utilidades. Sin perjuicio de cuáles sean finalmente los impuestos cabildeados y escogidos, es evidente que todos van dirigidos a incrementar la recaudación tributaria, a través de incrementar los pagos de quienes siempre pagan.

Sin importar su posición geográfica, política o económica, cada vez que un Gobierno decide incrementar la recaudación tributaria tienen dos alternativas, ampliar la base tributaria, es decir hacer que paguen más personas, a través de la creación de nuevos impuestos o de forzar a todos al pago; o bien, incrementa los impuestos existentes y en consecuencia continúan pagando quienes ya pagan, dejando a los demás al margen y se obtiene de alguna manera el resultado esperado. Sin duda esta operación, digna de un análisis de un libro de impuestos para dummies funciona en economías del primer mundo o en aquellas en las que cuando menos existe una cultura tributaria y entonces sí, casi sin excepción, se puede mejorar la recaudación en un escenario de igualdad para todos. En Guatemala, por el contrario, al ser un país con una enorme economía informal, incluso las mismas fórmulas que sirven para calcular cuál es nuestra base impositiva, no funcionan y arrojan resultados erróneos, no reflejan datos que puedan ser utilizados para calcular los impuestos, ni tampoco contribuyen en la recaudación, dejando en consecuencia que aquellos que se someten a las reglas que asumen las obligaciones que las leyes les imponen y que pagan impuestos continúen subsidiando a los demás. Otro gran problema que enfrenta nuestro país es que al carecer de una cultura tributaria , existe en algunos la creencia de que el contrabando y la defraudación pueden incrementar sus utilidades y transforman en nichos de competencia desleal empresas que se aprovechan de la inexistencia de controles gubernamentales que permiten que se dé la subfacturación, el contrabando o el aprovechamiento de limbos legales para buscar ventajas competitivas que atentan contra el correcto empresario que sí paga sus impuestos. Sin duda hablar de impuestos siempre será un tema delicado y que enciende pasiones, a nadie le gusta pagar y sobre todo menos, cuando no hay igualdad. Por supuesto, los principios de capacidad de pago, de legalidad, de justicia tributaria y de igualdad deben de prevalecer y dentro del marco de los mismos, al final, debemos de entender que es nuestra obligación el contribuir al desarrollo del Estado a través del pago de nuestros impuestos. Lo que también es correcto, es que el Estado trace reglas iguales para todos, cree los mecanismos para trasladar al sector formal de la economía a la mayoría de la población y redoble sus esfuerzos para combatir el contrabando y demás prácticas que hacen que al final siempre se sienta que pagan los mismos.

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