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Aplauso para las y los diputados

Lunes 30 enero, 2012


Ileana Alamilla
Prensa Libre, Guatemala

En nuestra cultura descalificadora es muy fácil criticar, señalar y condenar. Nos cuesta mucho reconocer méritos y aplaudir acciones, sobre todo cuando se trata de una institución tan desprestigiada como el Congreso de la República que, irónicamente, es el más democrático de los organismos del Estado. Por eso hoy pido comprensión y complicidad para alentar las actitudes maduras y las conductas políticas de muchos integrantes de bancadas que nos dieron agradables sorpresas la semana que recién termina.

Ya estábamos con la espada desenvainada cuando vimos el relajo que se volvió la “repartición de oficinas”; una simpleza como esa sacó a flote la exagerada avidez de unos, la audacia de otros, la candidez de unos más y la paciencia de muchos. Pensamos que seguiríamos en presencia de pleito tras pleito, como ha ocurrido, con el agravante de tener a un presidente del Legislativo al que le falta experiencia y capacidad de persuasión, por no decir de negociación. Sin embargo, hemos tenido agradables sorpresas al recibir de las y los congresistas actitudes que nos han dejado leyes que, aunque hayan sido discutidas en la legislatura pasada, es hasta ahora que se aprobaron.

Primero el Ministerio de Desarrollo Social, una iniciativa que busca superar y eliminar los prejuicios, obsesiones y críticas que enfrentaron durante todo el gobierno anterior los programas sociales, comenzando por su institucionalización y transparencia. Al principio hubo resistencias, aunque todos sostenían que no era oposición, que lo que requerían era más información, consensuar la iniciativa y presentar sugerencias para que se incorporaran al proyecto de ley.

Ocurrió el cabildeo, la discusión y la incorporación de las propuestas en un tiempo récord y ya tenemos la ley que crea esa nueva cartera que impulsará un aspecto trascendental para las mayorías: el desarrollo social, con una visión integral. Pero en la misma sesión también se aprobó la ley que arropa el Consejo Económico Social, una genial iniciativa impulsada por Gustavo Porras que demuestra que es posible ponerse de acuerdo, derrumbar barreras y vencer prejuicios. Empresarios, sindicatos y cooperativistas, tres fuerzas fundamentales para el progreso, se unieron en esa instancia de interlocución que se constituye en un espacio de consulta tanto para el Ejecutivo como para el Legislativo que favorecerá soluciones a muchos de los ingentes problemas que nos aquejan. Aunque no es vinculante, constituye un respaldo de legitimidad a buenas iniciativas que se vayan tomando, con la ventaja de no tener que dar vueltas y vueltas en cada sector para conocer su parecer.

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