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Miércoles 15 febrero, 2012


Ricardo Trotti
La Prensa Gráfica, El
 Salvador

El sangriento conflicto en Siria ha desatado por el mundo los vientos de la guerra fría, aquella época de tensiones en la que los países se alineaban detrás de dos ideologías discordantes que ofrecían un peligroso y endeble equilibrio.

Desde que Rusia y China bloquearon la semana pasada en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas una propuesta de Estados Unidos y la Unión Europea que hubiera permitido una intervención en Siria, se ha renovado la eterna polémica entre aquellos países sobre dos principios en pugna. La de aquellos que consideran cualquier intervención extranjera como una injerencia en la soberanía nacional y los que creen que el carácter universal de los derechos humanos les obliga a protegerlos en cualquier lugar donde corran peligro.

Más de 6,000 muertos a causa de bombardeos del gobierno sirio contra su población demuestran que no todas son flores en la Primavera Árabe. El presidente Bashar al Assad todavía goza de la protección de rusos y chinos, pero ya siente los efectos de las sanciones económicas de Occidente y el rechazo de los vecinos árabes. Tarde o temprano tendrá que responder por crímenes y dar paso a un proceso electoral democrático que viene prometiendo, y no cumple.

La falta de elecciones libres es la manzana de la discordia en Siria. No es casualidad que el dique de contención que impide que Bashar al Assad deje el poder lo conforman regímenes que recurrieron a procesos electorales corruptos y poco democráticos.

El primer ministro ruso, Vladimir Putin, quien lidera la resistencia a intervenir en Siria, está acorralado en su país por protestas multitudinarias que le piden renunciar ante el escandaloso fraude electoral en los comicios parlamentarios de fin de año. El iraní Mahmud Ahmadineyad, otro aliado del régimen sirio, fue reelegido en 2009 gracias a una megatrampa electoral. En América Latina tampoco es casual que varios presidentes que expresaron su apoyo al sirio estén bajo sospecha de ser producto de sufragios engañosos. Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales y Daniel Ortega tienen récords en irregularidades electorales. Fidel y Raúl Castro, como los viejos comunistas chinos, siguen siendo alérgicos a cualquier sistema de elecciones multipartidarias. Chávez, quien más aportes económicos secretos ofreció para las campañas de reelección de sus colegas, insufla su ideología a otros países mediante tácticas ilícitas y ha permitido que los cuerpos de seguridad, inteligencia y las Fuerzas Armadas de su país estén lideradas por agentes del gobierno cubano. Así lo denunció el gobernador del estado venezolano de Zulia, Pablo Pérez, candidato a las elecciones primarias de la oposición.

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