Jueves 12 diciembre 2019

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Guerra de divisas

Viernes 17 diciembre, 2010


Simón Cueva
La Prensa, Honduras

China se ha resistido ya por buen tiempo a que su moneda, el renimbi, se aprecie frente a otras divisas. Hay un creciente debate sobre la posibilidad de que el mundo se esté enfrascando en una guerra de divisas. Los países ricos con crecimientos débiles y altos niveles de desempleo, buscan maneras de impulsar sus economías.

Sus bancos centrales, tanto en los EEUU como en Europa y Japón, mantienen tasas de interés en niveles históricamente bajos, pero han buscado además mecanismos para inyectar aún más recursos a la economía, en parte para ayudar temporalmente a enfrentar problemas bancarios o problemas de desconfianza de los mercados. Así, los bancos centrales han comprado títulos emitidos por los Estados y han prestado a bancos en problemas grandes cantidades de recursos.

Inyección de recursos y bajas tasas de interés buscan, como objetivo para evitar que bancos caigan en más problemas y contagien a otros, que la inflación —que en varios países está cerca de mínimos históricos— repunte un poco. ¿Por qué querría el mundo que la inflación suba? Porque, si llega a volverse deflación, es decir, a que los precios tiendan a caer en vez de subir, eso causará también problemas. Entre otros, que las tasas de interés reales (las tasas nominales menos la inflación) se puedan volver muy altas, frenen el crédito y retrasen la recuperación económica.

Ahora, esta inyección de liquidez tiende también a hacer que las monedas de dichos países pierdan valor frente a otras. Por ejemplo, el dólar se ha venido depreciando frente a muchas divisas en el mundo, y hay quienes piensan que es un movimiento voluntario para ganar competitividad; exportar más productos al resto del mundo, recuperar parte de su crecimiento y reducir su déficit comercial.

En paralelo, China se ha resistido ya por buen tiempo a que su moneda, el renimbi, se aprecie frente a otras divisas, oficialmente por temor a que mucha volatilidad cambiaria pudiera afectar al sistema financiero, pero posiblemente también porque podría frenar las masivas exportaciones chinas o impulsar importaciones del resto del mundo. 

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