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Hay que completar la tarea fiscal

Jueves 05 enero, 2012


Roberto Rivera Campos
La Prensa Gráfica, El Salvador

Para asegurar su equilibrio y recuperar la estabilidad macroeconómica, que hace años tuvimos, hay que bajar el gasto público, mejorar su eficiencia, transparencia y predicción. Ya que no fue posible hacerlo mediante un pacto fiscal, hay que continuar paso a paso.

Primero, lo más inmediato es reducir el gasto. Ya lo anunció el Gobierno para después de marzo. Venimos de una situación difícil, con déficit alto y una deuda que, más que su nivel, preocupa la rapidez con que ha crecido, cerca de 10 puntos en los últimos años –demasiado para no preocuparse–. El entorno internacional está demasiado incierto y las condiciones internas muy complicadas como para arriesgarse a no hacer el ajuste fiscal completo. Hay que ajustar el gasto, para acercarnos al 2.5% de déficit que nos daría más seguridad macroeconómica en medio de estas aguas internacionales turbulentas. Ese sería un gran logro.

 

No hay duda de que cualquier ajuste fiscal, ya sea por el lado de los impuestos o de los gastos, reduce la producción, las ventas y el empleo, y este no será la excepción, ni será fácil en términos políticos y sociales. Ya lo vimos con la aprobación legislativa de los impuestos. Y la razón es sencilla, la mayor recaudación que provendrá de los impuestos es para llenar un hueco fiscal que ya existe, no es para nuevos gastos. Por otro lado, el segundo ajuste anunciado es para realizar menos gasto público. Así, pues, las compras de producto se reducirán y lo mismo ocurrirá con la producción y el empleo. Este es el costo del ajuste.

Por lo menos hoy partimos de un pequeño crecimiento económico, que casi seguramente se reducirá, pero las consecuencias de no ajustar las cuentas pueden ser mayores. Si ya se dio el primer paso hay que dar el otro. Y reconocer que, si logramos cuentas fiscales mejores, a la larga las oportunidades para crecer y generar empleo serán mayores. A eso hay que apostarle. Aunque antes se criticaba que del equilibrio de la macroeconomía no se comía, hoy nos damos cuenta, con las penurias de Grecia, de que quizás no da de comer, pero mata.

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