Martes 20 agosto 2019

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Si la democracia funciona no hay saltos en el vacío

Lunes 06 diciembre, 2010


David Escobar Galindo
La Prensa Gráfica, El Salvador

Hay que hacer cuanto sea necesario para que la democracia en funciones esté en capacidad de cumplir con todos sus compromisos históricos sucesivos. Si se analizan los casos actuales de regímenes populistas de signo diz que revolucionario, lo que está en la base de todos es el fracaso previo de las estructuras democráticas, sea por deterioro cuasiterminal del sistema de partidos políticos o por fallas esenciales de la institucionalidad establecida. 

Esos regímenes son producto más del repudio rabioso por lo que antes existía que por la esperanza sana por lo que podría venir. Ninguna democracia en plenitud de funciones ha derivado en nada parecido. Primera moraleja: cuando la democracia tiene sus tejidos y sus sistemas funcionales básicamente saludables y debidamente actuantes, lo que se impone es la previsibilidad normal, dentro de los márgenes seguros de cambio que admite y requiere una verdadera competencia democrática.

Esto conduce a una conclusión natural: hay que hacer cuanto sea necesario para que la democracia en funciones esté en capacidad de cumplir con todos sus compromisos históricos sucesivos. A los salvadoreños debería asaltarnos, en primer lugar, una pregunta de base: ¿Es nuestra democracia, tal como ahora la tenemos, suficiente para seguir siendo tal y no derivar en una caricatura de sí misma? 

Los indicios con los que al respecto contamos nos conducen a confiar en la capacidad de supervivencia del proceso democrático que llevamos adelante. El punto clave, pues, no está en esperar que los partidos políticos se modernicen tanto ideológica como orgánicamente, lo cual desde luego es de suma importancia, sino en preservar la integridad, la efectividad y la seguridad del régimen democrático en acción.

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