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¿En qué se parecen?

Viernes 12 noviembre, 2010


Magalí Rey Rosa 
La Prensa Libre, Guatemala

Costa Rica tiene un alto índice de desarrollo humano y uno bajo en corrupción, entre todas las naciones del planeta; Guatemala, exactamente al revés. Costa Rica tiene instituciones fuertes y una política de cuidar sus bienes naturales. Guatemala, no. 

En Guatemala, nuestros gobiernos —el de Arzú, Portillo, Berger y Colom— han entregado gran parte del territorio nacional para que las transnacionales mineras puedan volverse más ricas y poderosas, con el argumento de que la minería metálica genera desarrollo, aunque gran parte de la población se haya manifestado en contra de esa industria. Costa Rica, en cambio, debe estar plagada de gente manipulable, ecohistérica, ignorante y antidesarrollista, porque allá acaba de prohibirse la minería metálica a cielo abierto, y el uso de sustancias tóxicas como el cianuro y el mercurio en la actividad minera. 

Las compañías mineras “invirtieron” más de US$7 millones en pura propaganda —donde usaron argumentos parecidos a los que esgrimen aquí en Guatemala quienes defienden a esa industria para convencer al público de que todo lo que usamos “es minado” y que sin sacrificar territorios para que los destruya la industria minera no se puede alcanzar “desarrollo”—, pero no lograron su cometido. Según las encuestas, más del 90 por ciento de la población costarricence se opone a la minería metálica a cielo abierto, y los diputados, respetando la voluntad de su pueblo, en una histórica votación, desterraron —por decisión unánime— esa actividad de su país. 

José María Villalta Flórez-Estrada, diputado del Frente Amplio, señaló que “no se prohíbe la minería subterránea, pero se libera al país de la forma de minería más devastadora que existe: la minería metálica a cielo abierto, la que por las condiciones geológicas del país está amenazando más nuestras fuentes de agua, nuestros bosques y nuestra biodiversidad. En comparación con el escenario actual resulta innegable que se trata de un progreso”. “(…) de esta forma, se le cierran las puertas a las transnacionales mineras y se resuelve un problema social con justicia y equidad, sentando las bases para su reconversión a actividades verdaderamente sustentables”. 

En Guatemala, la gran mayoría de nuestros diputados —con honorables excepciones— ignora cínicamente el clamor de los miles de guatemaltecos que NO queremos que la industria del oro pudra y contamine más nuestro país, la perversa ley de minería de la época de Arzú sigue vigente —por lo que las compañías mineras gozan de todos los privilegios imaginables— y nuestros “servidores” públicos siguen entregando Guatemala; mientras la población y la naturaleza sufren la más injusta indefensión. ¡Qué grande es la diferencia entre los líderes, los políticos y el desarrollo de estos dos países!

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