Miércoles 27 enero 2021

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¿Entonces?

Lunes 26 diciembre, 2011


Fernando Durán Ayanegui
La Nación, Costa Rica

Es general el sentimiento de que la tropelía cometida por el ejército nica al ocupar una parte de isla Calero puede haberse convertido en un hecho irreversible gracias a las pifias de dos ministros de la actual administración: uno, prestándose ingenuamente, en solitario, a un “acuerdo de caballeros” con un funcionario nica dispuesto a tomarle el pelo, y el segundo organizando un paseo de boy scouts con un contingente de la fuerza pública que solo pisó la almohadilla de primera base y abandonó para irse a la ducha como en cualquier partido de béisbol de potrero. De ahí en adelante, vimos a nuestro gobierno dando algunos palos de ciego y asegurándose en la historia el papel de perdedor, por impericia, de una porción del territorio nacional. Con todo, estuvimos de acuerdo en que no había cabida para que nuestro Estado ensayara una respuesta militar a la zanganada de Ortega y aceptamos con resignación la vía de un proceso jurídico incierto y oneroso. Sin embargo, en el mundo de los hechos el territorio “ahora en disputa” sigue bajo el control del ejército nica y, además, continúan las amenazas desaforadas de Ortega y su prensa en relación con adicionales aspiraciones anexionistas.

Creímos salir de la insondable profundidad de nuestra impotencia cuando, de manera resuelta, la presidenta Chinchilla trató de remendar los descosidos de sus ministros adoptando la única medida estratégica posible, la eliminación, de una vez por todas, de la mayor debilidad tica ante la prepotencia castrense de los gobiernos de Nicaragua: nuestra dependencia del río San Juan como vía de comunicación entre puntos de nuestro territorio, la cual mantuvo al país bajo el peso de un chantaje vulgar y mezquino en el que participaron hasta los gobiernos de Barrios y Bolaños, tenidos por algunos como “amistosos” hacia Costa Rica.

Pero he aquí que ahora una caterva de quintacolumnistas –unos por sana confusión y otros por mala fe- sale a servir a los intereses de la satrapía orteguiana–. Ejemplos, ese prominente diputado del PAC que, en declaraciones a la prensa sandinista, afirmó que la ocupación de una parte de Calero no configura una invasión de nuestro territorio, y un grupo ambientalista tico que, participando en un encuentro con sus “equivalentes” nicas para discutir el impacto de la justificadísima carretera cis-sanjuaneña, no se atrevió a exigir que en la agenda figurase la devastación de Calero, un poco como cuando los rectores de nuestras universidades públicas cayeron en la trampa de discutir el tema de isla Calero con sus contrapartes de allá, todos apparatchiks del orteguismo.

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