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¿Legalizar las drogas?

Lunes 05 marzo, 2012


Anastasio Lovo
El Nuevo Diario, Nicaragua

En el mundo se ha abierto un debate sobre si las drogas ilícitas deben ser legalizadas o no. Este debate es particularmente agudo en la sociedad latinoamericana donde están ubicados los países productores, aquellos de comercialización y de tránsito de las drogas ilegales (marihuana, cocaína y en menor medida heroína y otras drogas sintéticas). En el debate se han involucrado presidentes y ex-presidentes, altos jefes militares, políticos destacados, juristas de renombre, personalidades religiosas, sobresalientes escritores e intelectuales de las ciencias humanísticas y sociales, líderes de la opinión pública y jerarcas religiosos de diversas iglesias. Evidentemente es un problema que nos atañe a todos.

Los que están a favor de su legalización argumentan que esta medida desarticularía al crimen organizado y cortaría su secuela de males: asesinatos masivos por el consumo; asesinato selectivo en las guerras al interior de los carteles, entre ellos o en sus enfrentamientos en contra de las fuerza pública o la opinión pública; el caudaloso torrente de corrupción que vía pingües sobornos ha permeado casi todo los niveles (policiales, judiciales, políticos, etc.) en aquellas sociedades dominadas por el narcotráfico; la floreciente industria del lavado de dinero; y reduciría los altísimos costos que la drogadicción causa en los presupuestos de salud pública de los países pegados.

Los que argumentan en contra, alegan que la legalización –tal como ocurre con drogas legales y letales como el alcohol y el tabaco- provocaría daños masivos a la salud, y temen que en esta transición, los países de tránsito –como Nicaragua- se conviertan en un país de consumo. Además aducen que una vez legalizada la droga en países de contención como el nuestro, la avalancha de un turismo non sancto incrementaría una serie de delitos concomitantes en estos países. Y temen que el consumo en los países consumidores (Estados Unidos de América, Europa y Asia) aumente exponencialmente con su secuela de males pertinentes para la salud pública y la corrupción generalizada.

En lo particular y personal no deja de sorprenderme que sociedades occidentales como la nuestra, que han legalizado y profitan de una vasta serie de adicciones, vengan con hipocresías, dobles morales o mojigaterías sospechosas a oponerse a la legalización de las drogas. Digo mojigaterías sospechosas porque cabe la pregunta si acaso algunos de los que se oponen a la legalización de estos insumos de la infelicidad, en el fondo muy bien pagados le hacen el juego al exorbitante negocio del narcotráfico.

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