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¿Nuevo escenario venezolano?

Miércoles 15 febrero, 2012


Joaquín Hernández Alvarado
La Prensa, Honduras

Pocos días después de haber cumplido 13 años en el poder el presidente venezolano Hugo Chávez, la oposición política venezolana se ha unido y, en unas inéditas elecciones internas, ha elegido como su candidato a la Presidencia de la República al gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski, quien deberá enfrentarse con Chávez en octubre en las elecciones presidenciales.

Lo sucedido marca un cambio diametral en la estrategia y las concepciones de la política de la oposición, que se había enfrentado históricamente fragmentada y desunida a Chávez y que, por supuesto, no había alcanzado sino pobres resultados electorales. El individualismo o el culto del ego pesaron más que el análisis objetivo y frío de las posibilidades de alcanzar el triunfo más allá de las declaraciones retóricas en las que, por cierto, el presidente venezolano es imbatible, no importa al costo que sea. Así, para las últimas elecciones presidenciales del año 2006, el candidato de la oposición, Manuel Rosales, no fue electo como ahora por ciudadanos comunes y corrientes, sino por los líderes de los partidos políticos enfrentados a Chávez tres meses antes de que empezaran las lides electorales.

La designación, más que elección de Rosales, tuvo ya sus consecuencias en la misma campaña electoral: aparecieron otros candidatos y el previsible fracaso final se cumplió. Con la elección de Capriles, la oposición venezolana parece haber comprendido dos cuestiones fundamentales del juego democrático. Primera, no esperar de ninguna fuerza salvadora del exterior que, por una especie de acción milagrosa, arregle por su cuenta a Venezuela. Haber realizado elecciones internas, deponer intereses y egos es una forma de declarar confianza en la democracia. La democracia la hacen los propios ciudadanos. La segunda tiene que ver con un cambio de estilo en el discurso político que deja atrás la lógica maniquea pero muy rentable a nivel de marketing electoral de la oposición amigo-enemigo.

Parte del electorado que será decisivo en el resultado de las elecciones es chavista. Y el chavista desencantado, si no se le agrede retóricamente y se le lanza de nuevo en brazos del gran líder, es un buen prospecto para las elecciones de octubre. No se trata de competir en agresividad y en excesos retóricos con Chávez ni ponerse en su mismo papel. Lo que no quiere decir tampoco recurrir al discurso del tecnócrata o del empresario que no sintoniza con el imaginario de los venezolanos. Capriles, como ha anotado la revista Semana, plantea mantener las “misiones” (programas sociales) de Chávez. No se trata en suma como señala la revista en ser un anti-Chávez para poder ganar. “No hay espacio para los prejuicios ni para los odios, porque tenemos un país en crisis”, fue una de las declaraciones de unidad de Capriles la noche del domingo 12 al conocerse los resultados de las elecciones internas que le dieron el triunfo. Lo que no significa que la campaña será fácil. Tampoco lo fue el pasado proceso de elecciones en el que participaron casi 3 millones de personas. (HOY).

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