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´Paga después, sin estrés´

Martes 20 diciembre, 2011


Charlie Del Cid
Prensa, Panamá

Así decía el comercial. Este tiempo es para comprar, cambiar, gastar y no para pensar. Es una de las características de la posmodernidad; del pensamiento débil diría Vattimo. Los vacíos y sinsentidos del interior los llenamos con cosas, entretenimiento, placeres en ocasiones efímeros.

¿Será malo comprar en Navidad? ¿Irá esto contra la pobreza y austeridad del pesebre de Belén? No, seguro que no. Ya León XIII y Juan Pablo II dejaron muy claro que la propiedad privada es algo inherente al ser humano, en contra de los discursos de Rousseau y Marx. Igualmente el Papa polaco, un hombre que conocía las intimidades del marxismo y fascismo derechista, pues vivió ambos extremos en su patria, pudo hablar con autoridad ante la caída del Muro de Berlín y del comunismo. Allá por 1991, ante este colapso, sobre todo en el mundo de la Europa del Este, y las profecías ultracapitalistas de Francis Fukuyama, Juan Pablo II dijo con claridad que la economía de mercado debe ir acompañada de una hipoteca social.

Entonces, el asunto es comprar con conciencia social. Invertir en los más pobres y necesitados, para que nuestros gastos no los lleven a volverse delincuentes y a maldecir de un Dios que solo piensa en los ricos y se olvida de ellos. De seguro los pobres de las economías tercermundistas, son también indignados. Pero hay una diferencia entre los indignados de Wall Street o de la Puerta del Sol, con los de América Latina. Los primeros usan Facebook para publicitar sus campañas, tienen blackberrys para comunicarse con los otros indignados y ipads para leer las noticas mientras se sientan en las calles a reclamar sus derechos. Las bondades del capitalismo como dije en otro momento.

Conversando con unas personas, que saben más de economía que yo, hablaban de Panamá como el otro Dubái. ¡Qué bueno! Pero de inmediato aterrizaban al problema de la inflación mundial, que en Panamá no se había sentido. ¿Por qué?, pregunté. Porque Panamá se ha convertido en la mejor ciudad para invertir y vivir a nivel de América Latina. Wao. El asunto es que eso es para los extranjeros –bienvenidos sean los que vienen a invertir y crear más fuentes de trabajo, lejos cualquier asomo de chauvinismo–, pues los precios de los servicios se van disparando a los presupuestos de los que vienen con dinero fresco para comprar. ¿Y los panameñitos de a pie qué hacemos? Pues tener conciencia, invertir en lo realmente necesario, mirar los anuncios de baratillos y promociones, ir a los supermercados más económicos, cuidar la ropa, cuidar nuestro carro, si es que tenemos el privilegio de tener uno.

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