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¿Qué pasa?

Jueves 09 septiembre, 2010


Eloy Ortega Souza
El Heraldo, Honduras

La agricultura tiene un papel muy importante en el proceso de desarrollo económico de Honduras y de cualquier nación. En este artículo no se toman en consideración los casos fortuitos de los desastres naturales, ni la agricultura de los grandes productores, quienes gozan del respaldo financiero y de los beneficios de la banca de inversión; entendiendo la agricultura como todo el sector agropecuario, la pesca y lo agroforestal.

Nos concentramos en la pequeña y mediana agricultura donde unos aducen que el problema en este sector es tecnológico y económico. Algunos opinan que muchos productores permanecen en la pobreza porque sus recursos son de baja productividad y porque numerosas barreras les impide comercializar. También surgen corrientes de pensamientos en que la inversión en capital humano, en nuevos conocimientos y en el cambio tecnológico son condiciones necesarias para que la agricultura deje de ser una actividad asociada con la pobreza y ofrezca oportunidades de desarrollo para quienes se dedican a ella.

La pobreza rural es el principal reto no resuelto en la agricultura hondureña, sobre todo para los pequeños productores, pese a los intentos de reformas estructurales, liberalización de mercados y numerosos proyectos y programas de desarrollo agrícola y del medio rural. Se pueden plantear nuevas políticas, nuevas estrategias, reinventar nuevos tratados de cómo hacer una agricultura sustentable, pero no alcanzaremos una agricultura floreciente mientras no aterricemos en el campo de las acciones; no tendremos una agricultura pujante mientras no distingamos el mundo rural, mientras no se respete y se le otorgue el sitial de honor que tienen los ciudadanos de lo agrícola y de la ruralidad.

Es urgente volver al campo y propiciar un verdadero encuentro con el productor agrícola y verificar los cambios en los sistemas de producción y la incorporación de nuevos productos, y proteger a los productores para que no abandonen la agricultura, que incursionen en nuevos negocios. Motivarlos para que continúen y no opten por caminos que los lleven a la venta de las fincas o su segmentación.

Aunque la agricultura no es una salida de la pobreza para muchos hogares rurales pobres, hay que buscar alternativas en la economía rural no agrícola. La agricultura sigue siendo una de las actividades principales en el mundo en términos de generación de empleo e ingreso. El desafío es mantener un servicio público-privado agrícola de calidad.

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