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¿Quién paga la cuenta?

Viernes 09 diciembre, 2011


Sandra de Barraza
La Prensa Gráfica

Dice un joven investigador que en 25 años se han hecho 62 reformas tributarias, que los ingresos del fisco no llegan a ser suficientes y que siempre se vuelve a lo mismo y por lo mismo. En este período podemos estar seguros de que cada una de las reformas han tenido la misma reacción. Son excepcionales y aleccionadores los casos en los que se reconoce la conveniencia de financiar al Estado para que asuma efectivamente sus atribuciones y en los que se reconoce la importancia de asegurar lo mínimo y fundamental para el bien común.

En los últimos 30 meses, los temas tributario y fiscal han estado en la agenda pública. Al inicio del presente gobierno se anunció el Pacto Fiscal y se confió en la estructura del Consejo Económico y Social (CES) para propiciarlo. Y de allí, por más exposiciones, declaraciones e intervenciones públicas, no salió nada. Dos de las cuatro partes que integran el CES demostraron públicamente que cada cual tiene su propia trinchera y su propio escenario de actuación. Se ha escuchado y leído que los dirigentes de las gremiales y sus empleados se quejan de la actitud de los funcionarios del gobierno. El denominador ha sido no consultan, no escuchan y no asumen las propuestas. Del otro lado, del que ahora tiene el sartén y el mango, se asume un discurso y actitud desafiante y amenazante. Y esa actitud cae como limón en heridas. Entendiendo que un pacto es un convenio entre dos o más partes que voluntariamente se obligan a cumplir. Pero con el escenario que se ha construido, me atrevo a afirmar que no habrá tal Pacto Fiscal.

No hay que engañarse y ni hay que engañar. A nadie le gusta pagar impuestos y nadie quiere pagar más impuestos. Cualquier método que se invente y pruebe tendrá siempre la misma negativa. Se puede asumir públicamente distinta intensidad con la inconformidad, pero la inconformidad y oposición siempre están presentes. No importa de qué partido o ideología sea el gobierno, siempre hay oposición a reformas tributarias y nuevos impuestos.

Se hace mucho daño cuando los temas tributario y fiscal se manejan para avivar resentimientos sociales, especialmente cuando la coyuntura y las oportunidades tienen como exigencia la integración de pensamiento, energía y acción. A nadie le gusta pagar. A nadie le gusta pagar más. Algunos de los que deben pagar evaden el pago. Y muchos que ganan suficiente para pagar, no lo hacen.

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