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2011: ¿más de lo mismo?

Lunes 03 enero, 2011


Hugo Maul R.
El Periódico, Guatemala

A pesar de existir cierto consenso en torno la necesidad de adoptar un “modelo” de desarrollo que sea viable económica y políticamente, en la práctica poco es lo que realmente sucede. Gobiernos de todo tipo y tinte político han ido y han venido y el país sigue igual. No existen opciones reales de crecimiento de largo plazo; la dependencia del endeudamiento es cada vez más grande; la creación del empleo nunca se concreta; la productividad y la eficiencia no forman parte del debate económico.

A pesar de un sentimiento generalizado acerca de la urgencia de “salvar la nave”, los poderes económicos, políticos y sociales han sido incapaces de agruparse en torno a un proyecto de largo plazo que haga viable el país. El principal obstáculo para impulsar muchas de las reformas que se necesitan radica en que quienes deben impulsarlas son quienes más se oponen a ellas. 

Parafraseando a H. Aguilar Camín y J. Castañeda, el problema radica en “cómo lograr que quienes pueden hacer los cambios los hagan aun a costa de sí mismos, que los actuales beneficiarios del poder realicen las reformas que pueden beneficiar a Guatemala, aunque afecten sus intereses”. No se puede seguir permitiendo que cada uno de estos poderes busque “llevar agua a su molino”, esto es, promover reformas que solamente los beneficien y no afecten su statu quo.

En lugar de contentarnos con promesas vacías, las cuales de consistencia, coherencia y viabilidad tienen muy poco, este 2011 habría que hacer sentir a los políticos de turno nuestro hartazgo al respecto. En lugar de esperar nuevamente por un falso Mesías, habría que exigir un cambio de actitud inmediato de los actuales beneficiarios del poder, llámense diputados, ministros, empresarios, políticos, sindicalistas, líderes sociales, contratistas del Estado, prensa, etcétera. De lo contrario, no solo el 2011 será un año perdido, sino también todo el próximo período presidencial, la década y, si no nos cuidamos, incluso el siglo XXI.

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