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A 48 del 14, a las 14

Viernes 04 noviembre, 2011


Alfred Kaltschmitt
Prensa Libre, Guatemala

En cuarenta y ocho horas tendremos un presidente electo que será juramentado el próximo 14 de enero. Una larga lista de carencias económicas, sociales y debilidades institucionales enfrentará al presidente elegido. Según las mediciones —de esas que nos subrayan como país tercermundista, atrasado, violento y desigual—, el nuevo mandatario será el que enfrentará los desafíos negativos de esos indicadores considerados entre los top ten de pobreza y subdesarrollo humano a escala mundial.

Insisto en decir que el “señor presidente” no lo podrá hacer solo. Es más, presagio un descalabro similar a la administración saliente, si todos los sectores no se sientan a reescribir una nueva visión de país.

De esa reflexión sobresale con lacerante acento vergonzoso la situación de la niñez desnutrida de Guatemala. El descomunal crecimiento de la desnutrición crónica ubica a nuestro país en el nivel más alto de América Latina, superando en más de 19 puntos el promedio mundial, que es del 30. Ahí en esa cifra —que más que cifra es el espejo de nuestros valores e identidad como país— se delinea lo que debería ser la prioridad número uno de los próximos gobiernos. Más que la seguridad, más que el desarrollo económico, más que cualquier tema que haya aparecido en el menú de oferta electorera, la niñez desnutrida debe ocupar la preeminencia en el discurso político, la prioridad en los ejes estratégicos de planificación, y la visión central de nuestro imperativo ético.

Demás está añadir que el futuro de Guatemala son los niños de hoy. Y son estos niños los que pintan el horizonte de corto, mediano y largo plazos de nuestro país. Ya tenemos cientos de miles de niños en franca desventaja mental y física. Según las estadísticas, el 50 por ciento de los 13.3 millones de guatemaltecos son niños y adolescentes de cero a 17 años de edad, el 63.9 por ciento vive en condiciones de pobreza, y el 19.2 en pobreza extrema, siendo los indígenas —el 82.4 por ciento— los más afectados.

El costo de la desnutrición en salud y educación es enorme. Estadísticas viejas de Cepal del 2004 señalaban entonces que en Guatemala se habrían generado 560 mil casos de enfermedad asociados a la desnutrición global. Un 58 por ciento de los casos se presenta entre 24 y 59 meses siendo el mayor costo en recién nacidos.

En educación, la deserción asociada a la desnutrición genera una brecha promedio de 2.4 años de escolaridad. Esto implica, que en el 2004, el porcentaje del gasto público en educación adicional por desnutrición era el 2.5 por ciento. O sea la bicoca de Q131 millones. Esa cifra fue hace siete años. ¿A cuánto ascenderá ahora?

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