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Ajustando expectativas

Martes 28 febrero, 2012


Miguel Gutiérrez
Prensa Libre, Guatemala

Siempre a la entrada de un gobierno las esperanzas son renovadas y grandes. Rara vez tanta expectativa como ahora, una población acostumbrada a la ausencia de Estado, prácticamente en todos los ámbitos; se espera un cambio inmediato, efectivo y certero; rara vez los acontecimientos responden a la impaciencia de un ciudadano en condición de abandono por décadas, y puede ser por dos factores: 1. Impaciencia de los propios gobernantes entrantes por obtener resultados; 2. Limitaciones en el equipo de trabajo; y 3. Limitaciones institucionales que no permiten un arranque

El ajuste de expectativas se da no solo en la ciudadanía general, sino también de los propios gobernantes, sea porque materialmente e institucionalmente es imposible o por errores estratégicos y operativos.

Por ejemplo, un error estratégico y más claro que el agua es negarse a tener relaciones con China continental. Es un tema que ni siquiera vale la pena discutir. El argumentar que China es demasiado grande y que por ello no vale la pena, por su complejidad, es como buscar argumento al pelar un banano y comerse la cascara; no se le encuentra raciocinio por ningún lado. No hay país más complejo que la gran unión aduanera que es hoy EE. UU., y es nuestro principal socio en todo, con todas sus limitaciones, los guatemaltecos hemos aprendido a negociar y lidiar con la más heterogénea economía del mundo desarrollado; negarse a relacionarse con China, de nuevo, no vale la pena ni justificarlo. La deducción lógica es que Guatemala debería buscar relaciones comerciales y diplomáticas con Andorra, Mónaco y Fiji, entre otros y descartar a los grandes. ¿Tiene sentido? ¿Y dónde queda todo el tema de competitividad que el Ministerio de Economía está relanzando, si Guatemala le da la espalda a la segunda economía más grande del mundo? Estamos de espaldas a uno de los mayores inversores de capital del mundo. Claramente en Guatemala hay muchos recursos; el capital no es el más abundante.

En materia de seguridad el problema va más allá de lo estratégico o táctico y son las propias posibilidades institucionales. Es vital reconocer las limitaciones temporales de acción. No se pueden esperar resultados de corto plazo cuando los sistemas de información se encuentran totalmente desarticulados, atomizados. El reconstruir los sistemas de información para combate del crimen no se hace en dos semanas; allí tendremos que ser más pacientes. Por ejemplo, hace dos meses me asaltaron con una escuadra que sospecho es de la Policía, y queda la duda: 1. ¿Será que es una de esas armas que algunos policías alquilan a delincuentes para ganarse unos centavos —esto sucede porque el Decam no ha registrado las armas de la PNC y se pueden cometer fechorías con armas de esa institución— o bien, 2. ¿Será una de las poco más de 15 bandas que quedaron operando desde el gobierno pasado? ¿Cómo saberlo? Hay que generar esa información.

Si bien puede haber impaciencia en cualquier otro tema y se cometen errores estratégicos básicos, tanto en el tema de seguridad como de política social, vale la pena ir despacio que hay prisa. No se pueden exigir resultados si no se genera información de acción; mientras tanto hay que poner cuidado en lo demás para no seguir cometiendo errores estratégicos.

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