Miércoles 18 septiembre 2019

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Armonizar y tranquilizar al país

Jueves 10 junio, 2010


Demetrio Olaciregui
La Estrella,  Panamá


El país asistió con ánimo reconciliador al acto en el que el presidente Ricardo Martinelli pidió perdón, en nombre del Estado, por la desaparición de Heliodoro Portugal. Pero disipado el efecto mediático, la ceremonia resultó en la oferta del mes de un gobernante que no ha podido separar la gestión pública de la gerencia de supermercados. Pocas horas después arremetió contra el PRD, vaticinando su desaparición, mientras voceros de su círculo íntimo de poder se lamentaban de que los presidentes Mireya Moscoso y Martín Torrijos no estuvieran presos y calificaban a Arnulfo Arias y Omar Torrijos como líderes muertos.

Es repudiable que Martinelli considere a los miembros del PRD como meros objetos que pueden comprarse o atemorizarse, ensañándose contra cualquier signo de oposición. Panamá no es patrimonio de Cambio Democrático. El país reafirmó un contrato consigo mismo, con valores que están más allá de la crispación que el oficialismo procura profundizar con rencores que anidan en los pliegues de su propia versión de la historia.

La obsesión por dividir y fracturar ha llevado al mandatario a dividir la historia y fracturar el presente. La vocación rupturista y egocéntrica pareciera ser lo único coherente de este gobierno. Esa coherencia es la que abona las constantes fisuras que generan una inestabilidad política y social permanente. El país posee una rica biodiversidad, pero Martinelli no reconoce la diversidad política, sectorial, religiosa y social.

Ese sesgo le impide trabajar en un marco de acuerdos, en la convergencia de voluntades y en el impulso de políticas, para superar el fraccionamiento del presente y generar oportunidades colectivas futuras. Lo que se promueve desde el gobierno es el clientelismo, la corrupción, la persecución a políticos, empresarios, sindicalistas y periodistas no martinellistas. Leer más…