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Asocio para el crecimiento

Miércoles 02 noviembre, 2011


Joaquín Samayoa
La Prensa Gráfica, El Salvador

Otro elemento novedoso en la estrategia de asocios para el crecimiento es el rol protagónico que se asigna al sector productivo y las organizaciones sociales en ambos extremos del puente.

Lo anunció el presidente Obama durante su breve visita a San Salvador en marzo del año en curso. Previo y posterior a ese anuncio, varias delegaciones de alto nivel del gobierno de Estados Unidos han venido a conocernos, a dialogar con exponentes del sector privado, a trabajar con los equipos de nuestro gobierno encargados de darle contenido y viabilidad a esta nueva oferta de cooperación internacional.

El punto de partida de este esfuerzo bilateral fue la búsqueda de respuestas a una sencilla interrogante: ¿por qué no crece El Salvador? El diagnóstico destacó el penetrante impacto de dos fenómenos igualmente nocivos: el auge de la criminalidad y la pérdida de competitividad, no solo global sino también regional. Dos fenómenos que han venido incubándose desde hace varios años, anulando las inmensas posibilidades que se perfilaban luego de la firma de los acuerdos de Chapultepec hace casi dos décadas. No conozco el producto de ese esfuerzo por identificar las amarras que nos impiden alzar vuelo, pero espero que los funcionarios y técnicos que trabajaron en ello no hayan caído en las explicaciones fáciles, superficiales e ideologizadas que suelen dar los políticos.

Por parte de Estados Unidos, es importante destacar que el asocio para el crecimiento (Partnership for Growth) es un proyecto novedoso sustentado en una visión diferente para superar las dependencias y el escaso impacto que resultaron de las formas tradicionales de concebir la cooperación internacional. El Salvador será uno de cuatro países en los que se experimentará con un modelo en el que Estados Unidos ya no actúa solo o principalmente como donante, sino que se convierte en un activo gestor de dinamismos económicos y sociales tendientes a lograr la autosuficiencia de los países receptores de ayuda.

Otro elemento novedoso en la estrategia de asocios para el crecimiento es el rol protagónico que se asigna al sector productivo y las organizaciones sociales en ambos extremos del puente. Esto supone un cambio profundo de actitudes en el gobierno y en otros actores; más fácil decirlo que hacerlo.

Tradicionalmente –y así continúan actuando casi todos los cooperantes– el gobierno de Estados Unidos aportaba dinero y asistencia técnica para proyectos sectoriales del gobierno de turno. Se apostaba al desarrollo de las capacidades institucionales de los gobiernos, con la esperanza (casi siempre frustrada) de que ello se traduciría en reforma política y progreso económico. Ese modelo dejaba fuera o con un rol marginal a todos los demás actores y sectores de la sociedad, amarrándose (con la excepción de las grandes obras de infraestructura) a la visión cortoplacista y a los intereses partidarios de los gobiernos receptores de ayuda.

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