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Batalla: el Palacio de los Capitanes

Lunes 05 diciembre, 2011


Mario Antonio Sandoval
Prensa Libre, Guatemala

SUBDESARROLLO NO ES únicamente un tema económico. Está en todas partes, como el aire, y por eso se presenta de hecho en todas las actividades humanas. Un país subdesarrollado carece, por ejemplo, de la capacidad de valoración de su historia, claro está como consecuencia de haber recibido una educación subdesarrollada. En la Antigua Guatemala, otrora la tercera ciudad más importante del continente americano, se libra ahora una batalla. No deja de ser irónico: es la lucha de los ciudadanos civiles para salvar y sobre todo respetar a un edificio cuyo nombre mismo invoca conceptos militares y de dominación política. Es una lucha donde el subdesarrollo cultural del país tiene una de sus manifestaciones más claras y lamentables.

ANTES DE SE- guir, creo importante señalar mi convencimiento de un concepto a mi juicio elemental. Las obras arquitectónicas históricas deben mantenerse en servicio, aunque ello no compite con convertirlas en lugares de visita turística nacional e internacional. Porque ese pensamiento se apoya en que las iglesias medievales europeas siguen siendo centros de culto religioso católico y al mismo tiempo reciben turistas. Pero, sobre todo, son templos. En el caso del Palacio de los Capitanes Generales de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, su función principal es la de servir de centro de poder político, ya no monárquico sino republicano. Para eso fue creado y para eso debe mantenerse. Punto.

LOS VECINOS ANTIGÜE- ños, por primera vez en muchos años, están unidos con la municipalidad y con el Consejo para la Protección de la Ciudad, en el rechazo a la decisión del Ministerio de Cultura y Deportes, gracias al cual el edificio fue concesionado para “uso cultural”, concepto cuyo curioso significado resulta ser el de colocar al menos una cafetería. Para terminar de comprobar el mencionado tema del subdesarrollo, la Asociación Nacional del Café se mete en el embrollo y arriesga su prestigio al haber donado mobiliario de 175 mil dólares de costo, y por medio de sus autoridades intenta justificar esta decisión. Dentro de ese criterio, como los guatemaltecos siempre nos tomamos el café con champurrada, se debe autorizar una panadería.

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