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Burocracias educativas

Miércoles 06 octubre, 2010


Óscar Picardo Joao
La Prensa Gráfica, El Salvador

A veinte años de esta era de cambios da la impresión que se ha revertido la tendencia; los aparatos estatales educativos han crecido y los ministerios o secretarías de Educación son importantes empleadores. Algunos de los mejores y pragmáticos indicadores de esta hipótesis son: a.-¡¡¡insuficientes espacios en estacionamientos!!!; b.- disminución en el tamaño de los cubículos de trabajo; c.- nuevas direcciones o gerencias; d.- ampliación de la infraestructura; y e.- incremento del gasto en el presupuesto.

Más allá de los cambios en la política educativa y en los programas estratégicos en la última década, asistimos a una nueva centralización de los servicios educativos, pero lo peor, a un esquema poco eficiente; si tomamos en cuenta que para 1998 el presupuesto de educación era aproximadamente de $311 millones, de los cuales un 63% se destinaba a salarios, 1.2% a la compra de bienes, 16.6% otros servicios, 2.3% bienes de capital y 16.9% transferencias.

Con estos recursos se atendía una matrícula de 1,709,410 estudiantes (todos los niveles/ $181.93 por estudiante); 10 años más tarde el presupuesto casi se ha duplicado ($697 millones, de los cuales el gasto corriente fue $625 millones) para atender a 1,862,912 estudiantes (todos los niveles/ $374.14 por estudiante) ¿qué está sucediendo?, la interpretación lógica: el aparato burocrático está creciendo al doble; y a esto agreguemos que aún seguimos al margen de las tecnologías, con papeles, sellos y firmas... y con los mismos resultados de PAES.

El crecimiento del aparato burocrático educativo impacta negativamente en la calidad de la educación, gastamos más, pero gastamos mal, y a pesar de ello nuestra inversión no supera el 3% del PIB. ¿Hacia dónde van nuestros sistemas educativos latinoamericanos?: a continuar reproduciendo los mismos esquemas socio-económicos de la pobreza, de la exclusión y de la ineficiencia, ya que la escuela no cambia ni mejora; la educación seguirá siendo infravalorizada socialmente y poco relevante; mientras tanto el Estado crece.

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