Lunes 19 agosto 2019

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Cambio en relaciones internacionales

Viernes 10 diciembre, 2010


Euclides E. Tapia
La Prensa, Panamá

Las revelaciones de Wikileaks ponen en perspectiva una situación que obliga calibrar sus implicaciones en el conjunto de las relaciones internacionales actuales. Para algunos, los documentos secretos difundidos en los últimos días no son más que chismes, pues la mayor parte de la información es conocida. En realidad, en tales documentos solo se ven opiniones tangenciales sobre algunos dossiers internacionales, no así su gestión real, es decir, la orientación a largo plazo de Estados Unidos sobre los mismos. 

De allí que las supuestas “revelaciones” de Wikileaks no informan sobre las estrategias de las grandes potencias sobre cuestiones espinosas que ocupan los primeros lugares en el ranking internacional, tales como los nudos que impiden la solución del problema israelo-palestino, las fuerzas profundas que explican la conducta individual de las grandes potencias respeto a los planes nucleares de Irán, los límites reales de tolerancia de Washington a los juegos de guerra de Corea del Norte; es decir, asuntos que por su importancia están en capacidad de alterar el orden internacional vigente. 

Es más, los documentos que estaban en línea en realidad aparecen así, porque no provienen de alguna potencia enemiga, grupo terrorista o revelan planes de defensa, estrategias nucleares o documentos de servicios secretos. Ello explica por qué ni el Departamento de Defensa ni la CIA o el FBI se sientan aludidos. 

En consecuencia, la reacción norteamericana vis a vis, el contenido de los documentos, no es del todo justificable y más bien revela un celo propio de la gran potencia que se siente agraviada, porque le pusieron sus partes al desnudo. Por ello, la criminalización de las actividades de Wikileaks y el arresto de su director en jefe, Julian Assange, se acerca a la aplicación de métodos de represión propios de regímenes como el chino, cubano o norcoreano, que temen por algo que tienen que esconder, y se alejan de la democracia, que se precia de servir de ejemplo por su transparencia. 

Contradictoriamente, es probable que las consecuencias del cablegate en las relaciones internacionales, coyunturalmente, se limiten a afectar la confianza entre los Estados y, estructuralmente, la forma de comunicación de los diplomáticos, quienes ante el temor de hackers espías, capaces de hacer públicos los análisis que realizan de los gobiernos en donde están acreditados, se verán tentados a echar mano de la comunicación cifrada.

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