Lunes 19 agosto 2019

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Cifras y realidad

Martes 21 septiembre, 2010


Edmundo Jarquín
El Nuevo Diario, Nicaragua

Los continuos cambios en cuanto a las cifras, que sobre diversos temas, han venido dando diferentes funcionarios gubernamentales, podrían estar revelando algo más que simples problemas de información.

Primero fue con el famoso bono a los empleados públicos. ¿Cuántos los beneficiados, de dónde sale el dinero, de la cooperación venezolana o de los impuestos que pagamos los nicaragüenses? Después vino el tema, también vinculado con el bono, de los 500 millones de córdobas que el Presidente Ortega dijo se colocarían, procedentes de la sobrerrecaudación impositiva, en las reservas del Banco Central, para que luego su principal Asesor Económico dijera otra cosa, tratando de enmendarle la plana y, finalmente, el Presidente de la entidad bancaria afirmara algo totalmente diferente, en un caso de confusión que aún subsiste.

Después vinieron otras cifras que no acababan de darse cuando eran rectificadas. Cuando los números iniciales sobre los daños causados por las lluvias a las siembras de frijol dispararon la especulación con el precio del esencial producto, el propio Presidente en una segunda versión redujo el estimado de daños, pero igual el frijol se disparó en el precio. En el colmo, no acababa de anunciar el Presidente que la histórica Hacienda San Jacinto sería reparada con recursos venezolanos, cuando otro funcionario lo desmiente y dice que los fondos salen del presupuesto. Y así podríamos seguir.

¿Simples problemas de cálculo o de información? No. Probablemente sea la conjunción de varios factores. Uno, la ausencia total de transparencia en la gestión financiera del Estado para ocultar quién sabe cuánto lucro privado por esa grotesca confusión que hay entre el Estado, el partido gobernante, la familia gobernante y los amigos de la familia gobernante. Otro factor que con seguridad está detrás de tanta confusión numérica es el siguiente: cuando la realidad no se corresponde con los deseos, en vez de tratar de cambiar la realidad, mejorándola, se disfraza.

Es como el intento grotesco de reducir la pobreza por decreto. En los últimos días el Presidente Ortega dijo que la economía crecería este año el 2.5%, muy por debajo de la media latinoamericana que andará por el 5%. Si la población crece al 1.5%, habrá un crecimiento por habitante del 1%. ¿Puede alguien creer que con esas cifras de crecimiento se puede estar reduciendo la pobreza? Aún quedan algunos rótulos de las promesas electorales diciendo hambre cero, desempleo cero, corrupción cero. ¿Será acaso casualidad que al lado de esas promesas aparezca la foto del gobernante, sonriendo con ironía, como burlándose de los nicaragüenses?

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