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Codicia

Martes 13 septiembre, 2011


Mario Urtecho
El Nuevo Diario, NIcaragua

Voracidad, avidez, concupiscencia, son sinónimos de codicia, ese apetito compulsivo e insaciable que induce a buscar, adquirir y acumular riquezas. Ese deseo, que por lo general excede los límites de lo ordinario o lo lícito, es catalogado de vicio en algunas sociedades; errada conexión material con la felicidad, por los budistas, y uno de sus siete pecados capitales, por los cristianos. Esta aberración siempre va aparejada con la deslealtad, la traición, la estafa, el soborno, la falsificación, el robo, el asalto, el engaño, la violencia y la manipulación de la autoridad, en función de obtener beneficios personales.

Esto convierte al codicioso en alguien propenso al delito, y en delincuente, cuando halla o crea las condiciones para saciar su adicción, sin importar el medio, pues el fin se lo justifica.

La codicia está enraizada en las esferas de los Estados latinoamericanos. A ello obedece que casi sea tradición nacional que, al concluir el período de un gobierno, y durante la transición de poderes, los nuevos funcionarios encuentren miles de actos fraudulentos con los que se enriqueció una legión de ladrones, que hallaron en el erario las condiciones para que también lo hicieran familiares cercanos y otros, enlazados por el amiguismo, la complicidad o la carne. Y por su mentalidad de bucaneros, los ahora nuevos, que pegaron el grito al cielo ante tantos sinvergüenzas, al finalizar su período, también serán buscados por los que lleguen, y así sucesivamente, convirtiendo, una vez más, el hábito en costumbre, y ésta en ley, sin importar quién o quiénes quedaron arrollados en el camino.

Nicaragua no es la excepción. En nuestro país no se aplauden los gestos de honestidad ni se estimula que los ciudadanos practiquemos el control social.

Al contrario. Cuando un trabajador denuncia las fechorías que una manada de delincuentes está cometiendo dentro de su centro laboral, lo echan a la calle, le atrasan años sus prestaciones laborales, y lo saturan de epítetos, lo denuestan, lo infaman, lo vilipendian, lo tildan de traidor, oligarca, vendepatria y tantos adjetivos de diatribas conocidas.

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