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Consumismo en Navidad

Jueves 15 diciembre, 2011


Wilmer Pérez
La Prensa Honduras

La cultura del consumismo mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que un carnaval. Suena mucho, como el tambor, porque está vacía, dice el escritor Eduardo Galeano en un artículo llamado “Imperio del consumo”. Esta cultura habla la libertad de todos y da órdenes a todos para despertar la fiebre compradora, y esta época navideña es el blanco preferido por los dueños del dinero.

Pero ni modo: cada mensaje comienza y termina en la pantalla del televisor. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales, parodiando el refrán popular. La civilización actual -y Honduras no es la excepción- no deja dormir a las flores en los invernaderos; a las gallinas en las granjas, a las que les prohíben descansar; ni a la gente. Esta última es la que más sufre por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Trabaja para las marcas, para las etiquetas, y luego tiene que sudar la gota gorda para cancelar lo que fiaron.

En las barriadas de las grandes ciudades las familias no tienen cama, ni ropa, ni zapatos, pero sí un televisor y, afuera, la infaltable antena sobre el techo destartalado. Este aparato guía al comprador a las “mejores” ofertas, casi todas desechables, hechas en China o la India, o Pakistán, donde la mano de obra es más barata. La TV no habla, sólo ordena.

¿Dónde ir? Ricos y pobres, por ejemplo, van al “mall” a comprar marcas “originales” porque sienten que las cosas de buena marca los sacan de anonimato citadino, ya sea en el barrio o colonia donde viven. Además, ir a los grandes “shopping center” despierta en los actuales consumidores la sensación de estar en París, Milán o Nueva York, aunque no compren nada. Sin embargo, al subir o bajar por las escaleras mecánicas, de gratis, creen que ya viajaron por el mundo y salen satisfechos.

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