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Crónicas del desarrollo

Miércoles 26 enero, 2011


Rodrigo Guardia Dall’Orso
La Prensa, Panamá

Ahora que vienen grandes cambios para la ciudad vale la pena poner un poco en perspectiva en el tiempo los proyectos que se ambicionan. En lo personal, soy un convencido del proyecto del Metro y de su necesidad. Por eso ansío ver la red maestra completa para el año 2035 con sus cuatro líneas y en tranvía. Veinticinco años es mucho tiempo, por eso me alegro de que estemos comenzando ahora con este proyecto. Para luego sería tarde.

Imaginemos hoy en día durante la fase de estudios un arquitecto con 39 años con su hijo de 3. Para 2014, se programa que estará lista la línea 1 desde Albrook hasta Los Andes; el primero tendrá 43 años, mientras que éste, 7.  Miles de personas llegarán, podrán llegar al centro o atravesar la ciudad en cuestión de minutos. Esto cambiará la vida de mucha gente. Para ese momento también el sistema de buses urbanos habrá cambiado drásticamente, convirtiéndose en una alternativa más viable.

La línea hacia el este, a Tocumen y más allá, estaría lista para que el niño, ahora un joven adolescente, cumpliera los 13. Empezando la adolescencia, sus abuelos podrían visitarlo en unos minutos dejando el auto en la casa y haciendo trasbordos desde el bus. Al aeropuerto se podría ir en Metro. Cinco años después, estaría listo el tren de cercanías a Arraiján, La Chorrera y tal vez hasta Capira. Para los 17, habría una red de riel urbano con dimensión regional. El adulto joven manejaría alternativas de transporte con miras a emprender sus estudios sin necesitar un auto y menos aún uno para él solo, un gran ahorro para el padre.

Para 2025 se proyecta que la red maestra estaría completa, incluyendo un tranvía entre la cinta costera y San Felipe. Esto puede incluir algunos complementos como la extensión de la línea uno hasta San Isidro y la continuación de la ruta por Vía Transístmica hasta Albrook. Ya a estas alturas el arquitecto tendría 64 años, podría prescindir del auto en su avanzada edad y usar el metro gratis como privilegio de jubilado. Su hijo de 28 años estaría en cambio apenas calentando motores en su vida de trabajo, con la alternativa de ser parte de los profesionales y personas de ingresos medios que ahora vivirán sin el costo y preocupación de tener un auto. 

Si la transformación de la ciudad también llega a tener el complemento de plazas y aceras que necesita, las nuevas generaciones tendrán el hábito saludable de caminar durante su rutina diaria, lo que es traducible en mejoras en la salud pública, tanto en temas físicos (condición cardio-vascular, niveles de azúcar, etc.) como de salud mental (menos ansiedad e ira producida por tranques y menos desgaste en tiempo de viaje. Además hay un compendio de estudios que apuntan a que la actividad física es una de las maneras de agudizar la inteligencia de las personas. 

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