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Cuentos chinos

Martes 13 diciembre, 2011


Miguel Gutiérrez
Prensa Libre, Guatemala

Hace veinte años se escuchaban los cuentos japoneses, tales como que: Japón en un lapso de 10 años lideraría la economía mundial, será la economía uno, la más grande. Japón se encontraba creciendo a tasas de más del 6%, notable para un país de ingreso alto. Los japoneses se encontraban “de compras” en EE. UU., comprando Manhattan y Hollywood, así como las empresas emblema del gigante americano. Cinco años después, los japoneses se encontraban vendiendo a mitad de precio esto activos, de casualidad a los mismos americanos. Japón entró en 15 años de recesión y estancamiento.

De hace cinco años a la fecha escuchamos los cuentos chinos, tales como “en 10 años China será la economía más grande del mundo” o “el yuan sustituirá al dólar en cuestión de pocos años”, entre otros. Para analizar tales afirmaciones hay que tener claro varios puntos. 1. No existen atajos para el desarrollo, y una economía comunista, basada en una dictadura centralizada, no puede culminar en un país desarrollado. 2. El sistema centralizado de China es profundamente opaco y, por tanto, no puede dar a luz un sistema financiero creíble y profundo; ya que el requisito para ello es la transparencia, que claramente no tiene China, por tanto, usted no verá de aquí en 20 años a los taxistas del mundo aceptando yuanes en lugar de dólares.

China cuenta con problemas estructurarles. El macroeconomista Paulo de León realizó un estudio sobre la estructura productiva del país, y ha encontrado fallas estructurales y genera una alerta temprana de caída dramática del crecimiento. En menos de cuatro años, China tendrá una caída del crecimiento grande, un aterrizaje duro, lo que en jerga económica llaman “haré Lansing”. Estructuralmente es inevitable.

Hace un mes, tuvimos una charla, poco dinámica por cierto, en el prestigioso programa de Quique Godoy, ello con algunas autoridades del Banco de Guatemala, sobre diversos temas, entre ellos el del dinamismo de China, y sorprendentemente expresaron un sobreoptimismo usual sobre la economía asiática, y que ese dinamismo económico generaría presiones inflacionarias para el próximo año; no se han enterado de que China ya se está desacelerando, como confirman las cifras y el pool de analistas de bloomgerg, confirmando los resultados de De León hace ocho meses. Afortunadamente, los datos recientes de las últimas semanas confirman ya un proceso de desaceleración del gigante asiático, lo cual implica que no habrá presiones inflacionarias vía incremento de insumos —como acero, energía y alimentos— el próximo año, tal como Cabi lo ha previsto en sus proyecciones. Afortunadamente, ello implica que la autoridad monetaria no tiene más excusas para incrementar la tasa de interés, más bien bajarla, como está haciendo todo el mundo. Estamos a la puerta de una segunda recaída mundial. Europa no encuentra forma de ponerse de acuerdo y cada vez parece más posible una salida desordenada de la región que ocupa un tercio de la economía mundial. Ello adelantaría el aterrizaje forzoso de China y diríamos, como lo fue en el caso de Japón de los noventas, no eran más que puros cuentos.

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