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De la esperanza a la preocupación en Panamá

Jueves 19 agosto, 2010


Juan Carlos Hidalgo

Panamá América, Panamá
 
La elección de Ricardo Martinelli como presidente de Panamá en mayo del 2009 generó cierto entusiasmo acerca de las perspectivas de desarrollo de ese país. Durante su campaña Martinelli prometió implementar importantes reformas de mercado, como por ejemplo un impuesto de tasa única —el cual habría sido el primero en el continente, mayor apertura comercial, la eliminación de algunos subsidios gubernamentales y la reducción y simplificación de trámites burocráticos.
 
Un año después, estas promesas no sólo han quedado en el olvido, sino que su presidencia ha estado marcada por medidas económicas populistas, tráfico de influencias y compadrazgos políticos, la erosión de los pesos y contrapesos propios de una democracia e incluso el acoso a la prensa independiente.
 
En el campo económico, Martinelli apunta ahora hacia un mayor intervencionismo estatal. El presidente panameño aumentó algunos niveles del salario mínimo hasta en un 30 por ciento, una medida irresponsable en un país con una tasa de desempleo del 6.5 por ciento y un sector informal que constituye aproximadamente el 40 por ciento de la fuerza laboral. Ha declarado la nacionalización de dos carreteras administradas por empresas privadas a un costo de más de $$1,000 millones. Ha creado más burocracia, así como también nuevos programas sociales.
 
Martinelli también ha anunciado obras públicas ostentosas, como por ejemplo la construcción —con dinero público— de un rascacielos en la Ciudad de Panamá que sería el edificio más alto de América Latina. Recientemente el Gobierno anunció un presupuesto para el 2011 de $$13,900 millones, lo cual representa más del 50 por ciento del PIB nacional y haría de Panamá uno de los países con mayor gasto público en la región.