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De vacas flacas y otras cosillas

Viernes 22 julio, 2011


Alfred Kaltschmitt
La Prensa Libre, Guatemala

El Presupuesto General de la Nación es un compendio en donde supuestamente deberían asentarse los gastos de funcionamiento e inversión del Estado, bajo la lógica del pronóstico de un ingreso futuro y en el marco de una factibilidad basada en presunciones de ingreso fiscal y crecimiento económico. Por eso se llama presupuesto. El mejor presupuesto es aquel que se deriva de un plan, de cuya concepción se enumeran los recursos necesarios para ejecutarlo.

El complemento imprescindible de este proyecto financiero es definir exactamente de dónde saldrán los recursos para financiarlo. Los últimos cinco presupuestos del país se han financiado con una mezcla de ingresos fiscales y préstamos. En otras palabras: impuestos y deuda. El G-40 propone una serie de medidas encaminadas a manejar el Presupuesto General de la Nación dentro de un marco de rigor técnico. 

Entre las preocupaciones más grandes: “La práctica generalizada de contraer compromisos de gasto público sin el debido crédito presupuestario, lo cual ha creado una peligrosa acumulación de reclamos de pago denominada ‘deuda flotante’”. Esto daña gravemente la transparencia del gasto y viola flagrantemente la normativa legal, al generar un elevado nivel de incertidumbre en las finanzas públicas.” Aun cuando los impuestos son, como su nombre lo indica, “impuestos”, en el país uno de los principales factores de oposición para no pagar más impuestos es la corrupción generalizada que prevalece en buena parte del Estado. 

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