Miércoles 18 septiembre 2019

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Debate fiscal sin salida

Lunes 31 octubre, 2011


Roberto Rubio-Fabián
La Prensa Gráfica, El Salvador

En muchos países, y dentro de ellos El Salvador, se viene dando un debate estéril en torno a la política y reforma fiscal. Por un lado tenemos a los gobiernos, algunos muy presionados por demandas sociales y compromisos financieros, insistiendo en la política recaudatoria y reformas impositivas, con énfasis en el incremento de impuestos. Por otro lado encontramos a las gremiales empresariales, poniendo énfasis en la reducción, eficiencia y transparencia del gasto público. Ambos tienen parcialmente razón. En países con Estados débiles como el nuestro, donde el “peso” de este apenas gira en torno al 15% del PIB (en comparación con países occidentales más avanzados donde dicho peso ronda el 30%-40% o más del PIB), son fuertes las necesidades de contar con ingresos/impuestos para enfrentar las crecientes presiones y déficits sociales acumulados, así como para honrar los compromisos financieros contraídos; compromisos crecientes vía endeudamiento ante la misma falta de ingresos fiscales. Los gobiernos con bajos niveles de carga fiscal tienen razón de presionar por aumentos de impuestos.

También los sectores empresariales, y los ciudadanos en general, tienen razón al solicitar de sus gobiernos mayor eficiencia y transparencia en el manejo del gasto público, sobre todo cuando los presionan por mayores impuestos. Hay mayor resistencia a pagar más impuestos cuando no se tiene confianza en que el gobierno los utilizará adecuadamente y/o parte de ellos irán a engrosar los bolsillos de los funcionarios corruptos.

En torno a esas dos posiciones parcializadas se establece un debate que no tiene fácil salida: los gobiernos insistiendo en la responsabilidad tributaria y la irresponsabilidad fiscal empresarial, en nombre de mantener los equilibrios macroeconómicos y/o fomentar el crecimiento, pero sin adelantar serias y creíbles medidas de racionalización y manejo transparente del gasto. Por el otro lado, el gremio empresarial insistiendo en la responsabilidad del gobierno de hacer eficiente y transparente el gasto (y algunos equivocadamente solicitando la reducción del mismo; receta peligrosa en tiempos de crisis), y en la irresponsabilidad gubernamental de tratar de aumentar impuestos que llevan a frenar el crecimiento. Bajo esta perspectiva, separando la necesidad de aumentar impuestos de la necesidad de racionalizar y transparentar el gasto, el debate no tiene desembocadura.

Para darle salida al debate se precisa una visión integral y de conjunto: la necesidad de aumentar impuestos es inseparable de la necesidad de hacer más eficiente y transparente el gasto, y viceversa. Así, a manera de ejemplo para nuestro país, las necesidades reales de incrementar impuestos para la seguridad deben ir acompañadas de instancias y mecanismos de manejo compartido público/privado de los fondos recaudados, donde se define en conjunto el destino de los recursos y los procedimientos de rendición de cuentas. ¿Por qué no intentamos crear, bajo el lineamiento de ir de lo simple a lo complejo, un fondo público/privado, vía impositiva, para enfrentar de manera compartida la seguridad en las escuelas?; inseguridad que dicho sea de paso está, educativamente hablando, deteriorando toda una generación.

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