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Decisión tardía

Viernes 15 octubre, 2010


Rogelio A. Mata G.
La Estrella, Panamá

Los panameños tuvimos que soportar una de las crisis más violentas de los últimos veinte años, como la escenificada en la provincia de Bocas del Toro, distrito de Changuinola, durante el mes de julio, aquel sábado negro en que, dicho sea de paso, los civilistas en el poder conmemoraban los veinte y tres años del Viernes Negro del 10 de Julio de 1987, lo recordaron con dos muertos, 52 ciudadanos que perdieron total o parcialmente la visión.

Este fue el saldo producto de la tozudez de un gobierno, que considera que la votación contundente con la que fue elegido le da el derecho de deslegitimar la participación ciudadana e imponernos a sangre y fuego su carácter autoritario e imponernos todos los absurdos concebidos desde el Palacio de las Garzas.

La Ley 30, llámese Ley Chorizo o Ley Wuaka Wuaka (por haberse impuesto aprovechando la distracción del Mundial de Fútbol), es producto, a mi juicio, de dos factores fundamentales: en primer lugar, la defensa de los intereses de los sectores económicos que integran el gobierno de Ricardo Martinelli Berrocal y que para eso cuentan con una Asamblea y un Órgano Judicial totalmente subordinados al Ejecutivo; y, en segundo lugar, su falta de total conocimiento del país, cuando un gobierno no conoce su país tiende a subestimar a sus ciudadanos y, como cual bomba de tiempo, las crisis le estallan en sus mismísimas manos, tal como aconteció en Bocas Del Toro.

El movimiento popular obligó al gobierno de Ricardo Martinelli a convocar el diálogo para analizar los temas conflictivos de la Ley, los sectores sindicales involucrados en la lucha contra la Ley 30, el pueblo de Bocas del Toro y más del 60% de la población panameña, que siguió de cerca el acontecimiento, demandaban la derogatoria de la Ley, producto de esa presión nacional y el consiguiente desprestigio del gobierno a nivel internacional, el presidente de la República anuncia la SUBROGACIÓN de la misma, lo cual no es lo mismo que derogar.

Veamos: según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, SUBROGAR, del latín subrogare, significa ‘sustituir o poner a alguien o algo en lugar de otra persona o cosa’. DEROGAR, del latín derogâre, significa ‘Abolir, anular una norma establecida, como una ley o una costumbre’. El gobierno pretende salirse con la suya, razón por la cual se debe estar muy atento a la próxima movida del señor Ricardo Martinelli Berrocal.

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