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Democracia contra la pobreza

Jueves 21 octubre, 2010


Héctor Mairena
El Nuevo Diario, Nicaragua
 
“¿Para qué democracia si tenemos que enfrentar la pobreza?”, afirmó preguntándose el activista intermedio del orteguismo ante la estupefacta entrevistadora alemana. La sorpresa deviene que tal aseveración regresa a plantear una vieja y falsa dicotomía, entre democracia y la lucha por el bienestar económico y social de las mayorías. De otro lado revela el carácter regresivo y conservador de un régimen que se define como de avanzada, nada más y nada menos que del siglo veintiuno.
 
Pero el enfoque de los propagandistas del gobierno no hace más que reproducir el que proviene de las más altas esferas oficiales. Basta revisar que el Presidente Ortega soslaya cualquier alusión a la democracia, más allá de lo que repite como letanía sobre un supuesto gobierno de “Unidad y Reconciliación” y el “Poder Ciudadano”. Su discurso lo centra en “la lucha contra la pobreza” y en la capitalización política de las medidas asistencialistas que impulsa.
 
La experiencia moderna evidencia que sólo la construcción de una sociedad democrática hace posible y eficaces los esfuerzos para enfrentar la pobreza y lograr el dinamismo económico y la justicia social. Sólo en democracia y en un verdadero Estado de Derecho, es posible fiscalizar la administración pública, sancionar la corrupción, lograr un ambiente favorable a la inversión y la participación ciudadana en la definición de políticas que cambien, corrijan o potencien la gestión oficial.
 
La lucha contra la pobreza es una tarea de primer orden, pero no puede ser planteada ni llevada a cabo, como antagónica o excluyente de la construcción democrática. Son dos caras de la misma moneda. Por eso es que en Nicaragua la lucha por reestablecer la democracia, que pasa por derrotar el proyecto orteguista, no puede plantearse en abstracto. Sencillamente porque no lo es.