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Democracia y sindicatos

Miércoles 16 noviembre, 2011


Virgilio Levaggi
El Heraldo, Honduras

La democracia no se reduce a la liturgia electoral. Elecciones libres y limpias no son suficientes para optimizar la gobernabilidad democrática. Hay que avanzar hacia una democracia en la que la agenda pública, estructurada por los ciudadanos, sea cumplida por las autoridades. En las democracias vigorosas las autoridades no se eligen para que hagan lo que quieran sino para que hagan lo que quieren y necesitan los ciudadanos. En democracia los ciudadanos deben participar activamente en la formulación y ejecución de la agenda pública.

En las sociedades actúan una gran variedad de grupos. Esta pluralidad debe convivir armónicamente. Para ello es necesaria una cultura cívica que aliente el respeto mutuo entre la gente y sus grupos y un Estado de derecho que garantice las libertades de los individuos y de las instituciones a las que dan origen.

Dicha cultura y el ordenamiento jurídico deben lograr el equilibrio entre la pluralidad de intereses y evitar que cualquier persona o grupo monopolice la agenda común para avanzar únicamente los propios.

El funcionamiento correcto de la democracia exige -entre otras cosas- que los ciudadanos puedan formular sus preferencias y expresarlas a otros y al gobierno, mediante acciones individuales o colectivas. Dichas preferencias deben ser consideradas por igual, sin discriminaciones por contenido u origen. Para que ello se dé, el Estado tiene que garantizar las libertades de asociación y organización, tanto como las de pensamiento y expresión. En democracia son cardinales las asociaciones e instituciones representativas.

El último Latinobarómetro señala que, entre los principales pendientes de la agenda pública de las democracias de la región, está la redistribución de los frutos del crecimiento. Para responder a esta sentida necesidad de muchos son importantes las instituciones de índole socioeconómica, entre ellas las organizaciones de empleadores y las de trabajadores.

Los sindicatos son muy importantes pues, al representar y expresar adecuadamente los intereses de sus afiliados, contribuyen con la gobernabilidad democrática, a mejorar el quehacer productivo y las condiciones de trabajo. Desde su génesis los sindicatos han sido fundamentales para la edificación del bien común, especialmente a partir de su contribución específica para que se tutelen efectivamente los derechos laborales, económicos y sociales de quienes trabajan.

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