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Denle agua a los perros

Jueves 22 diciembre, 2011


Cándido Alvarado
La Prensa, Honduras

“Por segunda ocasión, Honduras quedó fuera de ser elegible a un segundo compacto de la Cuenta de Desafío del Milenio”, es una oración que apareció en los periódicos hace unos días. Compacto se entiende como una estructura apretada, densa; por eso decimos que ese terreno es muy compacto”. Es inexplicable por qué hay que hacerle tan difícil la situación a los lectores si, en este ejemplo, lo más fácil es hablar de reembolsos en vez de compactos. Otras veces confundimos las lexías: “Lorena Guzmán tiene un carácter sensible, se enoja con facilidad”. La sensibilidad es la capacidad propia de los seres vivos de percibir sensaciones y de responder a muy pequeñas excitaciones, estímulos o causas. Muchas personas son muy sensibles al calor, otras al frío. Por pura extensión metafórica, decimos que esa celda solar es muy sensible. Pero con frecuencia leemos o escuchamos noticias que señalan que “WikiLeaks difundió informaciones sensibles”.

Por supuesto que esas noticias han sido traducidas generalmente de periódicos norteamericanos y de ahí ha venido el calco “sensitive” que en inglés significa sensible, pero también “delicado”, no así en español; en todo caso, las informaciones no son sensibles, son delicadas.

Hay algo muy peligroso que está atacando al idioma español y, de paso, los trabajadores de la palabra casi no hacemos nada por remediarlo, más bien lo patrocinamos por absorción. Se trata del narcolenguaje y la jerga policial que es compuesta por el ingreso de patrones lingüísticos propios del mundo callejero. Cuando una sociedad no tiene confianza en sus autoridades opta por tomarse la justicia por sus propias manos; es decir, si un criminal no es juzgado por la ley, entonces los afectados “ajustician” al malandro. Ajusticiar es aplicar la pena de muerte, algo que solo un juez puede hacer; no obstante, en el español de América este verbo ha llegado a significar “matar entre varios a alguien como castigo ejemplar”.
Jurídicamente y referido a castigos legales, ejecutar es “dar muerte al reo condenado a ella”; quizá el tal “ejecutar” se haya dado por miles de años en forma extrajudicial (como en los ochenta aquí en Honduras) y el concepto adquiere validez.

Pero nuestros policías sólo porque una persona apareció muerta por tiro o arma blanca ya dicen que fue “ejecutado”; ese ejecutar es producto de la narcolengua y del subnivel policial. Lo normal es “muerto, asesinado”. Llama mucho la atención que desde agentes de baja escala hasta los superiores de la Policía no pueden hablar sin meter el molesto y vulgar “lo que es”. Observamos que un comisionado de policía en una entrevista habló dos minutos y mencionó esa banalidad en doce veces. Es una banalidad porque esa frase no aporta nada al significado de la expresión: “Queda prohibido lo que es andar dos hombres en moto, si lo hacen se les decomisará lo que es el vehículo”, qué le dificultaba al oficial decir: “Queda prohibido andar dos hombres en moto, si lo hacen se les decomisará el vehículo”.

Otro problema muy común y que casi nadie lo detecta es la especie de metátesis que se da con los pronombres enclíticos. “Delen eso”, “Demen trabajo”; no existen las variantes pronominales “len” ni “men”, sí hay “le” y “me”, luego, lo correcto es “denle trabajo” o “denles o dennos trabajo” sin son varios objetos directos, y denme trabajo”. Queda claro que le y me es singlar, pero la mayoría de hablantes usan indistintamente el vulgar “len” en ambos números: “Delen comida al perro” o “delen comida a los perros”, en todo caso lo correcto es “Denle comida al perro” y “Denles comida a los perros”.

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