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Diputados complacientes con las tabacaleras

Lunes 06 febrero, 2012


Eduardo Villatoro
La Hora, Guatemala

Su influencia sobre los políticos, el poder económico y la capacidad de persuasión de las empresas transnacionales del tabaco, unido a la habilidad escurridiza de la mayoría de los diputados al Congreso de trasladarse de un partido a otro y a sus imperiosas necesidades de aumentar sus sueldos y dietas, se ha demostrado nuevamente al promulgar la ley antievasión.

Aunque resulte repetitivo, debo recordar que en octubre de 2010 publiqué varios artículos referentes a la decisión de los magistrados de la Corte de Constitucionalidad que, decía entonces, basados rigurosamente en la letra muerta de la Ley y muy puntillosos para aplicarla en ese caso, declararon con lugar el recurso que, argumentando supuesta doble tributación, interpuso una empresa tabacalera extranjera que opera en Guatemala, para dejar de pagar Q184 millones de impuestos al año, de los cuales Q18 millones se destinaban al Ministerio de Salud.

Reitero: los que a la sazón integraban la CC, presididos por el magistrado Alejandro Maldonado Aguirre –reelegido para un tercer período–, con muy apegados ceñidos a la Ley, ciertamente, pero sin conciencia social y moral obviaron los daños que causa fumar cigarrillos, además de ignorar que el Estado debe atender la precaria salud de los adictos más pobres, porque, al fin y al cabo, esos ilustres togados no requieren de los servicios públicos, en vista de que su sueldo mensual es o era de Q72,716, sin incluir gastos de representación y otros beneficios, además de que cada uno de ellos tiene derecho a utilizar Q300 mil al año en gastos médicos.

Traigo a colación esos datos, otra vez, porque ahora la mayoría de los legisladores incluyeron una cantidad insignificante, casi irrisoria, en concepto de impuestos al tabaco, en la citada normativa, insuficiente para reparar los daños ocasionados por las enfermedades derivadas del tabaquismo.

Se podría suponer que los legisladores desconocen esos graves trastornos patológicos que llegan a causar la muerte de los fumadores si no son tratados a tiempo, o posiblemente son tan atrasados que ignoran que ese vicio provoca cáncer en los pulmones, el páncreas, los genitales y otros órganos del cuerpo humano, o simplemente sí tienen ligeros conocimientos acerca de los mortales efectos de la nicotina y otros elementos químicos componentes de los cigarrillos, pero nadie podría jurar que no fueron sobornados por los empresarios del sector tabacalero, tan críticos, como sus pares de otros gremios patronales, contra la corrupción.

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