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Eficiencia y equidad del gasto público

Jueves 15 diciembre, 2011


Roberto Rivera Campos
La Prensa Gráfica, El Salvador

Ahí estaba aguantando el reciente temporal, bajo la lluvia, poniéndose de pie cada vez que se lo permitía el semáforo instalado cerca de Casa Presidencial y del Centro Internacional de Ferias y Convenciones y el Museo de Antropología, caminando con su bastón con mucha dificultad en medio de los vehículos, para obtener alguna limosna de quienes con su motor encendido esperaban que el semáforo les diera paso, después de lo cual, también con dificultad, volvía a sentarse para esperar a repetir este ciclo que le parecerá interminable todo el día, todos los días de la semana, todas las semanas del año. La necesidad no le detuvo de estar ahí aun bajo la lluvia. Los que transitamos por ese sector lo conocemos.

Como él, otros, en el mismo o en diferentes lugares, han visto pasar gobiernos de todas las ideologías, que se justifican que trabajan para ellos, y verán pasar muchos más, sin que su situación cambie.

Su condición de pobreza puede ser el resultado del azar de la vida, pero más probablemente proviene de la falta de oportunidades en que nació y creció. Los gobiernos tienen una función importante que realizar al respecto. Para ello deben disponer de más recursos y la ciudadanía está en la obligación de proveerlos con impuestos. Pero igualmente importante para crearles oportunidades, es que los gobiernos los utilicen eficiente y efectivamente. Es un error pensar que la eficiencia es requisito exclusivo de la empresa privada para aumentar las utilidades. El sector público debe ser eficiente para mejorar la distribución del ingreso. En poco contribuye gravar más a los que más tienen, si se les devuelve a ellos mismos cuando se efectúa el gasto. Y esto ocurre cuando se es ineficiente e inefectivo en el uso de los recursos.

La eficiencia del sector público no es un fin en sí mismo, sino una forma de manejar los recursos que le permite alcanzar al menos tres objetivos:

1) Mantener sanas las finanzas públicas y ahogar menos a la ciudadanía con más impuestos.

2) Elevar la moral de los contribuyentes al constatar que sus impuestos se utilizan eficiente y eficazmente, con lo cual los gobiernos ganan legitimidad en demandar más recursos.

3) Mejorar la equidad y la distribución del ingreso. Este último tema es el más importante para un país subdesarrollado.

No hay que buscarle mucho lado, las oportunidades se crean invirtiendo en mejorar la calidad de la educación, sin la cual de poco servirán las certificaciones a la hora de desempeñarse en el mercado laboral; en reducir la desnutrición infantil, que reduce la capacidad de aprendizaje de los niños; en facilitar viviendas a los grupos pobres, para que no se expongan a enfermedades que les limitan su desarrollo.

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