Miércoles 19 junio 2019

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El aquí y el allá de la migración

Martes 10 agosto, 2010


Fernando Carrión M

La Prensa, Honduras
 
Uno de los flujos más importantes en la era actual es la migración internacional de población, cuestión que evidencia que el mundo ha entrado en un nuevo ciclo de nomadismo a pesar de muros, de estigmas, de leyes y de fronteras simbólicas, al extremo de que la migración ha terminado convirtiéndose en un delito en los lugares de destino y en un mecanismo de articulación de espacios distintos, distantes y discontinuos.
 
La migración internacional provoca que las segundas y terceras ciudades de algunos países de América Latina estén fuera de los territorios nacionales, constituyendo redes interurbanas transnacionales.
 
La región recibe un promedio anual superior a los $50,000 millones por concepto de remesas: en México, es la tercera fuente de ingreso de divisas; en el Brasil, es equiparable a las exportaciones de café; en El Salvador, es la primera fuente de ingresos, y en el Ecuador, es la segunda, como ocurre en muchos países.
La migración constituye redes urbanas trasnacionales que cambian el sentido de la ciudadanía (ciudadanías múltiples y nuevos derechos) y empieza a plantearse un debate respecto de la división administrativa de los territorios nacionales: El Salvador con el Departamento número 15, Chile se discute su Región Virtual y el Ecuador tiene distritos electorales externos.
 
Las redes urbanas conforman comunidades simbólicas en espacios sociales transnacionales, sustentadas en la disminución del vínculo de una sociedad particular a un lugar concreto (Estado), porque se debilitan los lazos con el lugar de origen y en el espacio de destino se reproduce la cultura de donde viene, con lo cual se generan territorios continuos -aunque distantes- entre el origen y el destino. Éste es el caso, por ejemplo, de México con Los Ángeles, La Paz con Buenos Aires, Lima con Santiago, Quito con Murcia.