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El capricho de los senadores

Miércoles 14 diciembre, 2011


Joaquín Samayoa
La Prensa Gráfica, El Salvador

Queda claro que el presidente no se equivocó al confiar en las cualidades humanas y profesionales de Mari Carmen Aponte, pero también queda claro que subestimó el empecinamiento de sus adversarios.

El nombramiento de la embajadora estadounidense en El Salvador ha seguido un camino empedrado y cuesta arriba desde el día uno. Desde que el presidente Obama designó a la abogada Mari Carmen Aponte para el cargo, un grupo reducido pero influyente de senadores republicanos ha hecho todo lo que está a su alcance para impedir su nombramiento.

En El Salvador y en muchos otros países, el presidente de la República tiene plena potestad para nombrar a sus ministros y a sus embajadores, pero en Estados Unidos se requiere la confirmación del Senado para que esos nombramientos sean definitivos. Esta normativa procedimental se enmarca en la lógica de controles y balances entre los poderes del Estado. Supuestamente los senadores deben usar esa prerrogativa como un control de calidad sobre las decisiones del Ejecutivo, pero en muchas ocasiones el procedimiento se emplea como arma de chantaje político. Esto es lo que ha ocurrido en el caso de la embajadora Aponte.

Enfrentado a una inflexible oposición de sus adversarios republicanos, el presidente Obama tomó la decisión de sobrepasar al Senado y hacer lo que se conoce como un “nombramiento en receso”, que le permitió enviar a San Salvador a la embajadora Aponte en septiembre del año pasado para llenar una plaza que había estado sin funcionario titular por varios meses. Pero esa excepción legal al procedimiento normal requiere que, al cabo de un año, el Senado decida si la embajadora puede continuar ejerciendo tales funciones hasta completar el período ordinario de tres años.

Ese es el punto en que nos encontramos ahora. El presidente Obama apostó a que, en un año de desempeño en el cargo, la embajadora disiparía las dudas honestas que pudieran haber tenido los Senadores que inicialmente no apoyaron su nombramiento. Habiendo transcurrido ese período, queda claro que el presidente no se equivocó al confiar en las cualidades humanas y profesionales de Mari Carmen Aponte, pero también queda claro que subestimó el empecinamiento de sus adversarios.

El mes pasado, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado recomendó la confirmación de la embajadora Aponte, pero el voto favorable de 10 contra nueve se dio sobre líneas estrictamente partidarias, todos los demócratas a favor y todos los republicanos en contra, lo cual fue un claro indicio de que estaba prevaleciendo la confrontación política sobre la ponderación objetiva de los méritos de la embajadora.

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