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El constante error de los políticos

Martes 07 febrero, 2012


Pedro Pablo Marroquín Pérez
La Hora, Guatemala

A lo largo de la historia hemos podido observar cómo el político cambia de actitudes y se adapta según sea el momento. Su discurso se modifica al tono de lo que el auditorio quiere oír, a sabiendas que el micrófono y el papel aguantan con todo. En una palabra, su meta es engañar.

Esa ha sido una constante en la humanidad entera y nosotros no nos escapamos. En la era “democrática” desde Vinicio Cerezo al día de hoy, ese método de que la tarima y los anuncios son capaces de albergar lo que mejor suene para conseguir votos sigue vigente.

Alfonso Portillo no tuvo empacho en reconocerlo, aunque justo es decir que no ha sido el único en engañarnos porque todos alimentan la esperanza de los guatemaltecos a base de mentiras, bien intencionadas a lo mejor en algunos casos, pero al final del día con cosas que nunca se realizan una vez alcanzado el poder.

Pero que ello se repita tanto no quiere decir que sea correcto o que debamos seguir siendo presa de la misma fórmula. Y traigo a colación lo anterior, porque nunca he entendido cómo es que el político que sueña con ser un estadista no intente el cumplimiento de sus promesas, con el afán de cambiar al país y pasar a la historia, pero más importante, construir un liderazgo sobre el cual la gente sienta que vienen tiempos mejores y con ello se asegure el apoyo político más importante: el de la población.

En campaña se ofrece seguridad, empleos, salud, educación, transparencia y cuanta cosa se le ocurra. Claro está que de 15 muertos al día es imposible pasar a 5 fallecidos en 3 semanas, un sistema de salud que ve morir a sus pacientes por negligencia o los atiende de manera deficiente por años, no cambiará de la noche a la mañana y así abundan los ejemplos.

Pero el político sí tiene la oportunidad de abanderar una lucha que puede ofrecer resultados rápidos con voluntad y el reto está en el tema de la transparencia y combate frontal a la corrupción. Y ahora que se discute la reforma fiscal, creo que el Presidente ha dejado pasar una oportunidad de oro para abanderar su propia cruzada contra la corrupción y exigirnos a los guatemaltecos que cerremos filas a su alrededor en tal causa. Ha perdido una oportunidad para ser diferente a los otros políticos.

Claro que aún falta ver qué pasará en marzo, pero es que Guatemala ya no aguanta más y lo que se puede y debe hacer hoy, no se debe dejar para mañana.

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