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El daño de las licitaciones

Miércoles 05 octubre, 2011


Rafael Delgado Elvir
La Prensa, Honduras

Los estudios desde hace muchos años han venido indicando que a raíz de los deficientes procesos de contratación pública, importantes cantidades de recursos públicos se derrochan en nuestros países. En este sentido, si se hace un análisis del costo de una compra-venta de un determinado producto entre empresas privadas, nos daremos cuenta que esa misma transacción pero efectuada entre el Gobierno y el sector privado, resulta mucho más costosa. Es decir, los Gobiernos compran muy caro.

Lo anterior como resultado no solamente de altos precios pactados, sino también de los largos procesos de licitación, las trabas burocráticas en todos los trámites por los que hay que pasar, costosos procesos judiciales y las ya conocidas coimas para los que intervienen en el negocio. Al final resulta que el edificio público que se mandó a construir no solamente resultó más caro, sino de menor calidad y tardó más tiempo en entregarse comparándolo con una obra similar entre privados. Pero aunque es escandaloso lo que ocurre, se repite a diario. Al parecer, el problema resulta muy lucrativo para algunos en el Gobierno y otros en la empresa privada para que desaparezca así nomás.

La crisis de la Municipalidad de San Pedro Sula con la licitación de los servicios de recolección de basura encaja perfectamente en lo que discutimos. Representa el caso típico de procesos enredados por intenciones oscuras, con autoridades irresponsables que en el afán de que todo lo que él anterior hizo está malo, hace un daño irreparable a la ciudad y a los contribuyentes. Aunado a lo anterior está la viveza de otros, que sabiendo que como dice el dicho popular, que demandar al Estado es como pegarle a un bolo, no pierden la oportunidad para sacar hasta el último centavo.

Parte de los eternos problemas de falta de dinero de los Gobiernos se deben precisamente a esta mezcla de improvisación y corrupción que reinan en las oficinas públicas, como también en ese afán perverso de algunos supuestos inversionistas de asaltar el erario. Es así que los recursos de los contribuyentes se gastan a manos llenas sin reparar en que son contribuciones del pueblo y por lo tanto merecen un alto grado de responsabilidad en su utilización. Pero los que deciden movidos por los mecanismos perversos del sistema político, se comportan torpemente y aprovechan que en el momento los adulan, para cometer las más grandes injusticias a costa del dinero de los aportantes.

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