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El hijo pródigo de las pantallas

Martes 28 julio, 2015


 

La historia del éxito de la compañía mexicana Cinépolis es la historia del hijo pródigo.

A mediados de los noventa, Alejandro Ramírez (Morelia, 1970) salió del estado sureño de Michoacán para completar sus estudios en economía. Harvard, Oxford, Cambridge le sirvieron de lustrosa pasarela hacia un puesto en la OCDE.

Ramírez trabajada en su oficina de Paris diseñando políticas contra la pobreza para los países en desarrollo cuando en 2003 recibió la llamada de su padre.

“Tienes un año para estar de regreso. Aquí necesitamos empezar a hacer relevos generacionales. Tú decides si sigues con tu carrera por organismos multilaterales o regresas a la empresa", le dijo Enrique Ramírez, el entonces director general de Cinépolis, la empresa que la familia había fundado en 1971.

El hijo volvió y en poco más de una década convirtió el negocio michoacano en la cuarta cadena de cines del mundo, con 28.500 trabajadores y presencia en 12 países y tres continentes.

Con el nombre Organización Ramírez, la primera aventura fuera de Michoacán fue en Ciudad de México.

La expansión internacional comenzó en 1999, con bifurcaciones por Centroamérica –Guatemala, Costa Rica y Panamá– y una experiencia fallida en Ecuador.

Europa ha sido su último asalto. Cinépolis acaba de cerrar la compra de Yelmo, la segunda cadena de salas más grande de España, con lo que ensancha sus dominios hasta las 4.348 salas de exhibición.