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El país menos abierto al capitalismo

Jueves 29 diciembre, 2011


Isaac Bigio
Panamá América, Panamá

El sábado 17 de diciembre a las 8:30 a.m. murió el líder supremo de Corea del Norte, Kim Jong-il. Durante las 51 horas siguientes nadie fuera de un pequeño círculo interno se enteró de ello, y menos cualquier embajada o gobierno extranjero. Pese a que las circunstancias de dicha muerte debieron haber despertado una ola de comunicaciones (ya sea de los soldados, funcionarios, enfermeros o médicos que se enteraron de ello pues supuestamente murió en un tren), ninguna de éstas pudo ser descubierta por los satélites, interceptores telefónicos o espías humanos o electrónicos focalizados sobre esa república nuclear.

El anuncio del fallecimiento de Kim se dio a mediodía del domingo 19 mientras su coetáneo presidente sur-coreano Lee Myung-bak estaba celebrando sus 70 años. En el lapso que mediaba entre la muerte de Kim y la revelación de ésta, Lee había estado en Tokio visitando al primer ministro japonés Toshihiko Noda.

En Occidente se describe a Nor-Corea como un Estado fallido, aunque ésta ha respondido dando un mensaje de que lo que hace 6 décadas viene fallando es la CIA y otros servicios secretos tan ultra-sofisticados que no pueden saber bien qué está pasando en ese pequeño país de gran peso estratégico.

Corea del Norte es uno de los 9 Estados nucleares y está en medio de bases de las 3 mayores potencias atómicas de la historia (las de sus vecinos Rusia y China, y las que EE.UU. tiene en Corea del Sur y Japón). La región en cuyo corazón está es una de las zonas más pobladas, económicamente activas y militarmente peligrosas del planeta. Corea del Norte, a su vez, se gestó en la primera serie de guerras que EE..UU. y la OTAN libraron y no ganaron en el Tercer Mundo. Hoy esta república de 24 millones de habitantes tiene alrededor de un millón de personal armado, siendo la nación con más soldados po r habitante.

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