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El prestigio quedó atrás

Miércoles 01 febrero, 2012


Rafael Delgado Elvir
La Prensa, Honduras

Por muchos años San Pedro Sula era la referencia obligada para hablar de dinamismo y desarrollo. El crecimiento de la ciudad con sus industrias y su población emprendedora le concedieron el título de capital industrial. Los contrastes con otras ciudades, en especial con la capital política, eran evidentes ya que en San Pedro Sula las cosas marchaban mucho mejor. Lamentablemente estas cosas y ese prestigio pertenecen ya al pasado.

Son muchos años los que se han perdido. Los gobiernos locales como también las organizaciones de la sociedad civil y del sector privado han estado ausentes cuando se han requerido de iniciativas y respuestas. Muchos han andado concentrados en otros temas: buscando seguramente unos cómo atornillarse en las estructuras del presupuesto público y otros cómo sacarle quizá un buen contrato o un buen préstamo al gobierno local. Ante la ausencia de programas y liderazgos la ciudad ha crecido pero comprometiendo su futuro. Ahora tenemos una ciudad donde los problemas se van acumulando rápidamente. Lo normal es ver ahora a los popularmente llamados chupaderos dentro de una zona residencial o al lado de un centro educativo. O gasolineras junto a hospitales y otras cosas tan dispares que solamente indican que nadie piensa más allá del año y que nadie se ocupa de los problemas trascendentales de la ciudad. Transitar por las avenidas principales de la ciudad es una aventura, ya que cada quien impone sus propias reglas. Solamente basta mencionar la conducta irresponsable de los rapiditos que vuelan por las calles compitiendo entre ellos para recoger a los que esperan y las paradas arbitrarias que hacen en cualquier lugar para subir o bajar a algún pasajero, para darse cuenta que nadie está para poner orden en la ciudad. Los permisos para expandir la ciudad se conceden a saber con qué criterios pero en definitiva sacrificando el bienestar de los habitantes, fuentes de agua, árboles y el entorno natural.

Pero en el ambiente en que vivimos, el show nunca debe parar. Al desorden se plantean de manera improvisada caras inversiones que al final solamente son parchos que no solucionan ni el congestionamiento, ni el desorden que impera, pero que dejan a gusto a algún sector económico clave de la ciudad. En tiempo récord y sin ningún criterio se conceden los permisos para cualquier antojo porque se quiere enviar un mensaje positivo a la inversión.

Ya ratos la ciudad requiere de respuestas a los más graves problemas, pero todos andan preocupados en sus propias agendas. Allí está la experiencia de otras ciudades latinoamericanas que con la participación activa de la ciudadanía, con iniciativas que partieron de los barrios, colonias y organizaciones pudieron contrarrestar el crimen, el desorden y convertirlas en lugares más agradables para sus habitantes. Son diversas las experiencias de otras ciudades que sentaron a tiempo las bases para defender el agua, el bosque, sus barrios y la salud de sus habitantes y hoy en día son calificadas como ciudades más humanas. Pero todo indica que en San Pedro marchamos en otra dirección.

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