Lunes 6 julio 2020

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El rumbo del Partido Conservador

Martes 12 octubre, 2010


Uriel Pineda Quinteros
El Nuevo Diario, Nicaragua

En Nicaragua, tomar la decisión de afiliarse a un partido político no es nada fácil. La credibilidad de estos es muy baja y resulta más atractivo criticarlos desde afuera, que tener que hilvanar explicaciones de las impopulares decisiones de la dirigencia, decisiones donde normalmente el militante promedio no tiene injerencia alguna. El problema es que los partidos políticos son el medio de acceder al gobierno, y mientras esta lógica individualista no cambie, más tiempo pasará para que en nuestro país se dignifique la política.

También es necesario aclarar que no se puede jugar al Quijote, un militante debe estar claro del fin y naturaleza de su organización y desde ahí hacer uso de los medios a su alcance para que la dirigencia de un partido no sólo represente la voluntad de sus miembros, sino que aporten a la vida en democracia del país. En este sentido hay que precisar que durante la última década, y de forma ininterrumpida, además, el Partido Conservador ha tenido como objetivo la lucha contra el pacto de Ortega –Alemán, pero nunca ha sido la intención de los conservadores sustituir a Alemán de su papel.

Desde la restitución de su escaño, Alejandro Bolaños ha dicho que legislará a favor de los nicaragüenses y llegó a una sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional, ilegalmente convocada para aprobar una inconsulta reforma presupuestaria, también ha manifestado su anuencia de votar por Roberto Rivas si se respeta la “cuota” de la sociedad civil en la elección de los 25 cargos pendientes. La nueva dirigencia del Partido Conservador también manifestó públicamente su interés de alianza con el PLC, cuyos dirigentes cierran filas por la candidatura del socio de Daniel Ortega. ¿Qué cambió, Alemán dejó de ser el corrupto que es, dejó de pactar con Ortega, qué diferencia hay con el PLC de 2008 que no era confiable para los conservadores para ir en alianza? 

Es muy probable que las elecciones generales de 2011 vayan a tres bandas, ya que esa es la misión de Alemán, dividir la oposición para que su socio sea ilegalmente reelecto y al Partido Conservador le tocará bailar con la fea en esas elecciones, el PLC. Eso no sólo sería claudicarle a la lucha anti-pacto, sino que también apoyar a Daniel Ortega. No basta que un diputado explique por qué vota en uno u otro sentido, su voto debe ser un reflejo de la propuesta política de su partido en correspondencia con el interés general.

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