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En defensa de Bruno Stagno

Jueves 10 junio, 2010


Óscar Arias Sánchez
La Nación, Costa Rica

La reciente renuncia de Bruno Stagno es una noticia funesta para nuestro servicio exterior, y en general para Costa Rica. Un hombre admirable, dotado de una gran inteligencia y una dignidad excepcional, ha renunciado, quizás para siempre, a servirle a nuestro país desde la función pública.

Y, sin embargo, hay quienes acuden con vítores y aplausos a celebrar su dimisión, porque consideran que constituye un triunfo para la ética pública y un triunfo para la democracia costarricense. ¡Qué equivocados están! ¡Qué exigua es su gratitud y qué corta es su memoria! ¡Qué pobre es su sentido de la humanidad y qué limitada es su comprensión de la falibilidad propia y ajena!

Lo acontecido. Aunque los medios de comunicación no han sido totalmente claros en presentar los hechos, ni han divulgado todos los datos disponibles, el pueblo de Costa Rica tiene en sus manos la información básica de lo acontecido: desde el mes de marzo, la presidenta electa, Laura Chinchilla, anunció la designación de Bruno Stagno como el nuevo embajador ante la Organización de las Naciones Unidas. Para asegurar la continuidad de su servicio y garantizar que su nombramiento estuviera vigente con la entrada del nuevo Gobierno, el excanciller presentó su caso ante el Consejo de Gobierno, que es el órgano encargado de nombrar a los representantes de Costa Rica en el exterior.

Es claro que la tramitación del nombramiento pudo haberse realizado de otra manera. Pero no se hizo y no tiene ningún sentido discutirlo ahora. Lo que sí tiene sentido discutir, y lo que nuestro país urgentemente necesita resolver, es qué hacer ante la presencia de un error; cómo debe reaccionar nuestro ordenamiento, nuestra oposición, nuestra opinión pública, ante la eventualidad de que los procedimientos escogidos para alcanzar un fin, no sean los mejores ni los más recomendados. Porque el caso de Bruno Stagno es un caso de procedimientos, en el que no hubo lesión a la Administración. Repito: se trata de una discusión de formas, en donde en ningún momento se afectó el interés público.

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