Martes 23 julio 2019

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Entre el gasto y el ahorro

Viernes 14 octubre, 2011


Eduardo Cálix
La Prensa Gráfica, El Salvador

En la actualidad, la economía mundial enfrenta de nuevo una inminente desaceleración, que en mayor o menor medida afecta los niveles de bienestar de las sociedades. En este sentido, los gobiernos, dependiendo de su entorno, utilizan diversos instrumentos de política económica con el fin de mitigar las enormes cargas sociales.

Al final del verano quizá se podrán ver las cosas de manera más clara; sin embargo, es previsible que el panorama económico mundial no sea muy diferente de lo que está sucediendo en la actualidad y, sin necesidad de llegar a una recesión declarada, la situación es por demás difícil en la mayoría de los países miembros del Grupo de los 20, que agrupa a las economías más grandes del planeta.

Una forma de expandir la actividad económica es por medio de políticas fiscales y monetarias, en el más puro contexto Keynesiano.

En el primer caso, incrementar el gasto público y por ende el déficit fiscal, que después habrá que corregir. Hasta el momento, la única receta para este mal es vía mayores impuestos o menores gastos o ambos, ya que su financiamiento tiene límites, por lo que es difícil que se acrecienten más allá de ciertos niveles.

En el segundo caso, el uso de políticas de dinero fácil puede orillar a lo que algunos han llamado “la nueva trampa de la liquidez”, cuando la tasa de interés es tan baja que ya no puede disminuir más, con ningún estímulo monetario.

Por ello, los gobiernos están utilizando los instrumentos a su alcance y uno de ellos es la tasa de interés, la cual, de acuerdo con la teoría económica, se determina, por una parte, en los mercados del ahorro y la inversión y, por otra, en los mercados de dinero y bonos, por medio de la oferta y la demanda de estos activos.

Una herramienta de análisis para el dilema del gasto y el ahorro es la tasa de interés real, que a bajos niveles ocasionará un mayor nivel de gasto, lo cual tiene un efecto multiplicador en la economía vía consumo e inversión; mientras que a mayores niveles de tasas reales estos incentivarán el ahorro, lo cual se traducirá en mayores niveles de inversión interna e internacional, fundamentales para el crecimiento económico futuro, y que de igual manera contribuye a mantener los niveles inflacionarios en línea, de tal forma que se podrá hacer frente a un horizonte económico más estable en el largo plazo.

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