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Estamos a tiempo

Viernes 21 octubre, 2011


Rita María Roesch
Prensa Libre, Guatemala

Luego de leer el artículo de Sergio Ramírez, “Las elecciones más inverosímiles del mundo,” que fuera publicado el pasado domingo 16 de octubre en la sección cultural, El Acordeón, en elPeriódico, sentí un fuerte escalofrío en el cuerpo y me pregunté: ¿Estaremos los guatemaltecos, como nuestros hermanos nicaragüenses, a punto de perder nuestra democracia? No, todavía estamos a tiempo de impedir que un “caudillo” se apropie impunemente del poder. Es preciso seguir protegiendo nuestra democracia, débil, pero democracia aún.

El 6 de noviembre los chapines y los nicaragüenses nos estamos jugando nuestro futuro. Déjenme, estimados lectores, que les cuente brevemente lo que dice Sergio Ramírez, porque más vale prevenir que lamentar, aunque está claro que este proverbio no nos hace mucho eco a los chapines. Hasta la fecha hemos sido incapaces de tomar las medidas de precaución de manera responsable para mitigar los desastres naturales. Tampoco escuchamos las voces de alerta que nos previnieron sobre el peligro de los carteles del narcotráfico hace años. Y ahora que despunta en el horizonte regional el peligro inminente de un gobierno despótico, si Ortega gana las elecciones, por favor no nos hagamos los sordos, porque entre los dos candidatos nuestros tenemos uno que quisiera perpetuarse en el poder si gana en la segunda vuelta.

Para Sergio Ramírez, los nicaragüenses, que estimo mucho, han estado sufriendo los desmanes de Daniel Ortega, quien se presentó otra vez como candidato presidencial. Sus “amigos magistrados” de la Corte Suprema de Justicia avalaron su petición que luego fue convalidada por el Consejo Supremo Electoral. Ortega se burló de la Constitución Política de Nicaragua, que expresamente prohíbe la reelección. Para esa clase de pelea desigual, del pueblo frente al Gobierno, los nicaragüenses tienen una expresión clara, dicen que es “una pelea de burro amarrado frente a un tigre suelto.” Ortega, cual tigre millonario, ha utilizado los recursos del Estado para echar a andar su maquinaria electoral. Compró canales de televisión y estaciones de radio para transmitir su propaganda noche y día. Ha comprado también con regalos a los posibles votantes.

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