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Europa frente a su dilema

Lunes 24 enero, 2011


Simón Cueva
La Prensa,Honduras

Aunque todos los países ricos están recuperándose débilmente de la crisis financiera internacional, la situación europea es quizá la más complicada en cuanto a perspectivas de crecimiento. Uno de sus desafíos más delicados es qué puede hacer Europa con los niveles extraordinariamente altos de deuda pública que han acumulado algunos de sus países miembros.

Grecia, Irlanda y Portugal tienen deudas de entre 80% y 140% del PIB, que seguirán crecientes por sus amplios déficits fiscales, y necesidades de financiamiento a corto plazo. Los inversionistas que podrían prestarles plata tienen muchas dudas y cobran tasas de interés cada vez mayores: más de 11% para prestar a 10 años plazo a Grecia. Para equilibrar su situación, los países deberán hacer sacrificios subiendo los impuestos, frenando el gasto público, recortando programas sociales. 

Esas decisiones son muy impopulares y pueden resultar políticamente insostenibles. Si el país no logra mantener una estricta austeridad por largo tiempo, la deuda pública puede llegar a ser impagable, y ese riesgo refuerza las dudas de los inversionistas, que le exigen a su vez tasas de interés aún más altas. Para romper ese círculo vicioso, los países europeos establecieron en mayo de 2010 un fondo de estabilidad con recursos de los países más ricos de la región, del FMI y de la Comisión Europea. 

Este fondo puede prestar plata -a tasas de interés más bajas- a un país en problemas para ayudarle a enfrentar sus dificultades sin sobrecargar demasiado sus costos futuros, honrar sus deudas, reducir el nerviosismo de los mercados y bajar las aprehensiones sobre el euro, la moneda común europea. Aunque esta solución da un respiro temporal, el problema estructural de sobre endeudamiento sigue ahí. Las economías que llegaron a esa situación lo hicieron porque fueron fiscalmente irresponsables (como Grecia) o muy laxas con su sistema financiero (como Irlanda).

Europa debe escoger entre dos alternativas poco apetitosas. Puede embarcarse en ajustes largos y dolorosos sin reestructurar las deudas, antes de recuperar la confianza de los mercados y un crecimiento más dinámico, una opción difícil de aceptar para Gobiernos que buscan ser populares. O puede reconocer ahora que algunos países deben reestructurar su deuda pública, algo que no ha ocurrido en un país desarrollado desde hace más de 60 años. 

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