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Europa hacia un nuevo pacto

Miércoles 14 diciembre, 2011


Rafael Delgado Elvir
La Prensa, Honduras

La crisis de la deuda en Europa no termina. En una dinámica que parece que en cualquier momento conducirá al estallido, los gobiernos de aquel continente lanzan un nuevo proyecto con la esperanza no solamente de salvar a los países altamente endeudados y a sus acreedores, sino de conservar intacta una de las iniciativas más ambiciosas del continente: la unión monetaria. A pesar que los banqueros centrales hablan de solamente una crisis de deuda pública, el proyecto monetario está a prueba ante la imposibilidad de llevar de la mano diecisiete países bajo una misma política monetaria. En definitiva, tan europeos son los italianos y los finlandeses, pero al mismo tiempo tan diferentes unos de otros.

Bruselas, la sede de la burocracia europea, ha sido el escenario de las últimas decisiones de la cúpula continental. Reunidos allí, e impulsados por Francia y Alemania, la decisión ha sido elevar la disciplina fiscal a regla fundamental, para atarle las manos a los gobiernos de cada país de la unión monetaria que sin el recurso de un banco central propio, han recurrido a la deuda pública como mecanismo de estabilización. El freno establecido al endeudamiento público dispone que los presupuestos generales de los gobiernos de los estados miembros deberán estar balanceados o en superávit, pero dejando también la posibilidad de un déficit de hasta el 0.5% del PIB. El nuevo acuerdo establece además los mecanismos para que la Unión Europea vigile y obligue a los miembros dispendiosos a cumplir las obligaciones. Estas disposiciones para que tengan fuerza legal, esperan poderse trasladar a cada legislación nacional.

Férreos en su decisión de mantener la estabilidad de precios, los mandatarios europeos han mantenido incólume la afamada independencia del Banco Central Europeo al que no se le piensa involucrar en los problemas que ellos consideran meramente políticos. Sin embargo, y con recursos de los gobiernos de la Unión Europea, existe algo así como un compromiso por parte de los conservadores europeos quienes para los próximos años han dispuesto también fortalecer los recursos del FMI, así como los mecanismos de rescate propiamente europeos.

Las medidas en cierta forma no son nuevas. De hecho el Tratado de Maastricht que sirvió de base para la unión monetaria actual ya establecía la disciplina fiscal como un criterio de convergencia. Sin embargo, esto no fue respetado precisamente por las grandes economías, Francia y Alemania, quienes se saltaron las trancas al no ver razón alguna de abstenerse de gastar y ajustarse a los criterios de Maastricht ante el aumento del desempleo y la caída en la producción. De manera que la pregunta fundamental sigue allí, ¿qué garantiza que los acuerdos en Bruselas serán cumplidos a cabalidad y en todo tiempo? De hecho, los ciudadanos de las pequeñas regiones europeas abatidas por el desempleo y otros sentirán en carne propia el pacto fiscal cuando los fondos especiales de apoyo ya no lleguen como antes y cuando se recete el balance fiscal cero como medida necesaria para la existencia de una sola moneda.

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