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Fuego cruzado

Jueves 19 enero, 2012


Sergio Muñoz Bata
La Prensa Gráfica, El Salvador

En su desesperada carrera contra el tiempo, los aspirantes a la nominación presidencial republicana se flagelan buscando descalificar al adversario.

Este sábado, a los votantes de Carolina del Sur les toca decidir si continúa la lucha fratricida entre los aspirantes a la candidatura del Partido Republicano a la presidencia o si mucho antes de que se cumpla el ritual optan por Mitt Romney para contender contra Barack Obama en noviembre.

Según el calendario de las primarias el cotejo debería concluir el 26 de junio en Utah pero después del apretado triunfo de Romney en Iowa y de su contundente victoria en Nueva Hampshire, un uno-dos que ningún otro candidato republicano no titular ha logrado, las encuestas y los expertos pronostican que Romney podría salir de Carolina del Sur con la nominación.

Pero si Romney no asegura la nominación y Newt Gingrich o Rick Santorum salen bien librados en ese estado archiconservador, el tono de los ataques entre los contendientes subirá exponencialmente. La derrota de Romney evidenciaría que las campañas publicitarias que enfatizan las carencias, las insuficiencias, los yerros o las deshonestidades de los otros candidatos rinden dividendos cuando el elenco es tan endeble como el actual y ninguno de los aspirantes genera entusiasmo ni entre los republicanos. Según las encuestas, el principal contendiente de Romney sería ¡alguien nuevo!

La práctica no es nueva y solo los desmemoriados quieren hacernos creer que entre los republicanos existía un código de honor que prohibía hablar mal de los compañeros de partido. George H.W. Bush intentó desprestigiar a Ronald Reagan en 1980, y John McCain sacó a Romney de la contienda en 2007, utilizando campañas sucias.

Rick Santorum ha acusado a Romney de ser un oportunista que ahora pretende ser conservador de pura cepa pero que como gobernador de Massachusetts aprobó una reforma sanitaria que sirvió de plataforma a la reforma de Obama; que después apoyó el rescate económico y el plan de estímulo de 2008; y accedió a ponerle límites al sistema de comercio para mitigar el calentamiento global, temas todos que son anatema para los conservadores. Romney se defiende balbuceando vaguedades y justificando algunos cambios de opinión. Lo cierto es que el exgobernador juega a decirle a la gente solo lo que la gente quiere oír y nada más.

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