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Gerencia pública y gobierno privado...

Jueves 10 junio, 2010


Óscar Picardo Joao
La Prensa Gráfica, El Salvador


Es posible que desde la perspectiva organizacional el Gobierno y la empresa privada tengan muchas cosas en común. De hecho, la mayoría de funcionarios del Gobierno provienen del mundo empresarial, productivo o profesional; pero resulta paradójico el cambio de enfoque que se vive en la experiencia gubernamental; a continuación siete hipótesis sobre las grandes diferencias:

1.- Indicadores y metas: En la empresa si no cumples tus indicadores y metas, te interpelan o te despiden por ineficiencia; en el Gobierno, modificas el indicador o la meta ampliando el tiempo.

2.
- Contratos: En la empresa casi nadie tiene una plaza fija, en el mejor de los casos son contratos de un año plazo conforme al desempeño; en el Gobierno —salvo algunos cargos políticos de elección pública— las plazas son fijas o indeterminadas, garantizando una estabilidad laboral como derecho conquistado, aunque tu función sea ineficiente.

3.
- Escalafones: En la empresa privada los escalafones son meritocráticos y dinámicos, ganas en función de tu productividad y desempeño; en el Gobierno es en base a la antigüedad, no importa si lo haces bien, regular o mal.

4.- Dinero: Los asuntos financieros a nivel empresarial son monitoreados de modo minucioso, los flujos de efectivo y activos se cuidan y miden con celo, porque su origen depende de la calidad del servicio o producto (la prioridad es generar); en el Gobierno el dinero sale de una caja negra cuyo origen son los asuntos tributarios, poca gente lo valora y todos quieren gastarlo, inclusive en programas o campañas absurdas (la prioridad es gastar).

5.- Tiempo: en el sector productivo empresarial el tiempo está en función de la productividad y la competitividad, el eje está centrado en las metas y no en el horario; en el Gobierno se cumple —relativamente— un horario con mentalidad prusiana.

Esto no significa que el sector empresarial sea inmaculado, y habrá que criticar a las empresas o sectores que deshumanizan a la persona por asuntos productivos; pero son excepciones —hoy en día— las empresas explotadoras, así como los gobiernos eficientes.

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